Pensemos en una persona de cuarenta y pico años. Tiende a pensar que cuando él alcance la edad de sus padres, unos 80, su vejez será distinta. Por varias causas: mentalidad, gustos y hábitos diferentes al pertenecer a una generación diferente, más las particularidades sociales, económicas, políticas, etc. que definen cada momento histórico. No es lo mismo tener 70 años en 1980 que en 2026. Cambia hasta la percepción del envejecimiento.
Entender qué es la silver economy
Esta evolución de las sucesivas generaciones senior es una de las claves para entender la silver economy, es decir, el conjunto de productos y servicios destinados a quienes encaran la madurez, a partir de los 50, 55 o incluso 60 años, según autores.
Dado el envejecimiento en la mayoría de países desarrollados, la silver economy se consolida como una de las macrotendencias más previsibles. En consecuencia, las empresas necesitan prever la adaptación de sus productos y servicios a este grupo de consumidores a medida que evoluciona.
Diferencias entre generaciones senior
Esa adaptación parte de descartar un prejuicio: que las generaciones mayores tienden a parecerse unas a otras. Sí pueden compartir algunas características fijas como un mayor poder adquisitivo, tiempo libre para sus aficiones y priorizar la atención médica y la salud. Pero otras particularidades cambian, como su relación con la tecnología, mucho más fluida en la actualidad; el estilo de vida, cada vez más proactivo y móvil; o su relación con la propiedad inmobiliaria. Avanza, por ejemplo, el modelo senior living.
Las empresas necesiten analizar esas diferencias, a veces sutiles, de grado, para personalizar mejor su estrategia. Un ejemplo hipotético: con unos 23 millones de usuarios en España, la industria del videojuego necesitará generar productos adaptados a los gustos de los futuros seniors o desarrollar aplicaciones gamificadas para otros ámbitos como la salud.
Cómo adaptar las estrategias comerciales
De igual forma que una empresa local necesita conocer a sus clientes seniors locales, una internacional ha de conocer las diferencias culturales entre países con tendencia al envejecimiento. Otro fenómeno a considerar: la mayor esperanza de vida hace aumentar el porcentaje de la cuarta edad, a partir de los 80 años.
Los expertos recomiendan medidas genéricas para entender y aprovechar este mercado al alza. Entre ellas, una política franca de comunicación y marketing con clientes que tienden ideas, valores y límites claros, y responden con fidelidad si se sienten bien atendidos. En ese conocimiento se basa la capacidad de entender sus expectativas y cómo evolucionan.
Formar a las nuevas generaciones
También conviene formar a los profesionales, sobre todo a los jóvenes que tienen más difícil ponerse en el lugar de un senior, entender su perspectiva vital y a partir de ella sus expectativas. Algunas empresas, sobre todo de sectores más relacionadas con la silver economy, colaboran con asociaciones o instituciones que trabajan con seniors.
¿Cómo van a evolucionar sus cifras? Según este informe, el mercado global silver economy a partir de los 60 años podría casi duplicarse en menos de una década, pasando de los 3.204.000 millones de dólares en 2026 a más de 6.349.000 millones en 2035.
Impacto en producción, productividad y talento
Finalmente, la influencia del envejecimiento poblacional no se reduce a producción o consumo, también tendrá un impacto creciente en las empresas por otras vías. Una es el rediseño de los sistemas de pensiones insostenibles a la larga, que ensayan alternativas como la capitalización para descargar gasto público. También se baraja la posibilidad de permitir una actividad laboral, de forma voluntaria, flexible y determinados sectores, más allá de la jubilación.
Otro factor es el talento senior, en un contexto de escasez endémica en perfiles cualificados. De ahí que se empiece a considerar la variedad generacional como parte de la diversidad en los equipos, tanto por su aportación de conocimiento puro y duro, como de habilidades blandas cada vez más apreciadas en gestión: temple y estabilidad emocional, resolución de crisis, capacidad de trabajo en equipo, mentoría y guía, pensamiento estratégico, visión de contexto o sentido de pertenencia.