Perspectivas

Las nuevas rutas árticas y su impacto en las cadenas de suministro

El deshielo y los intereses comerciales confluyen a favor de un nuevo corredor global en el Ártico que podría reconfigurar las grandes rutas marítimas.

Juan Pablo Zurdo
barco navegando en zona ártica

Octubre de 2025, atraca en un puerto británico el portacontenedores Istanbul Bridge. Nada fuera de lo normal, de no ser porque fue el primero de una línea regular china en tomar el atajo ártico, a lo largo de las costas rusas y escandinavas, en lugar del inevitable periplo Índico-Suez-Mediterráneo-Atlántico. Tardó entre siete y diez días menos en realizar el viaje. Y evitó el cuello de botella del canal egipcio, el mismo que estuvo cerrado casi una semana por el accidente de otro carguero en 2021.

Ese ensayo inaugural en la Ruta Marítima del Norte (RMN, desde el estrecho de Bering al mar de Barents) se debe fundamentalmente al calentamiento del planeta, lo que se traduce en deshielo y la apertura de esa ruta septentrional durante los cuatro o cinco meses más cálidos. Ese factor climático, junto con el desarrollo de las tecnologías de navegación y los intereses comerciales, explica, en parte, el 40% de incremento del tráfico marítimo en poco más de una década, según el Consejo del Ártico.

 

En el tablero geopolítico

Que esta nueva ruta llegue a desbloquearse como corredor completo, despierta ambiciones geopolíticas de primer orden y la posibilidad de ampliar o reconfigurar las grandes rutas marinas, además de reducir la dependencia de clásicos cuellos de botella como Suez, Ormuz, Malaca o Panamá. Según un estudio sectorial reciente, la Ruta Marítima del Norte podría reducir las distancias comerciales entre un 20% y un 40%.

Basta un vistazo al mapamundi para deducir las potencias concernidas: Rusia, porque franquea el acceso a los mares en su área de influencia directa; China, la principal necesitada de diversificar rutas exportadoras e importadoras; Estados Unidos, por su cercanía al ártico americano y reacción frente a la ventaja ruso-china, de ahí su foco en Groenlandia; y otros actores que refuerzan su presencia, como Canadá en su propio flanco ártico y Noruega en el suyo.

 

Riesgos de la Ruta Marítima del Norte

Ahora bien, que el Ártico sea más navegable también entraña dificultades inéditas. Solo es practicable de forma estacional. Se deshiela, lo que aumenta la presencia de grandes bloques flotantes, se forman nuevas capas si el verano es frío y algunos tramos pueden necesitar rompehielos nucleares como servicio regular. Todo esto exige a los barcos comerciales prepararse en estructura, tecnología y tripulación. Pueden transitar más portacontenedores, pero de menor tamaño. Y la Ruta Marítima del Norte está lejos de contar con infraestructuras portuarias y logísticas como las de las rutas consolidadas. Los elevados costes operativos, incluidos los seguros, cuestionan su competitividad en el corto plazo.

Con un riesgo añadido, ya que algunas potencias podrían convertir esta ruta ártica en un punto caliente en caso de tensiones. No obstante, aquí opera la sencilla lógica de que añadir un cuello de botella a la lista reduce el riesgo en conjunto al ofrecer nuevas alternativas de paso.

 

Factores a favor de la Ruta Marítima del Norte

¿Cuándo se convertiría en una alternativa viable, con la suficiente infraestructura portuaria y de flotas? Se habla de entre una y dos décadas, siempre que las predicciones climáticas acierten. No obstante, algunos factores pueden reducir ese plazo, especialmente el intercambio de hidrocarburos y minerales.

La explotación de nuevos recursos antes inaccesibles puede igualmente acelerar la dotación de infraestructuras. Según el Instituto Geológico de Estados Unidos, bajo el Ártico duermen el 13% de las reservas petrolíferas y el 30% de las de gas aún no descubiertas. La explotación allá arriba se pone difícil, aunque a cambio hablamos de un mar relativamente poco profundo. También es larga la lista de minerales críticos, tanto en depósitos ya localizados como potenciales.

Tarde más o menos en abrirse esa puerta, se da por hecho que ocurrirá y que producirá efectos previsibles, como el auge de tramos regionales y que la reconfiguración de rutas reste actividad a los puertos meridionales, en favor de los norteños. Además, reducirá la influencia de pasos particularmente estrechos como Suez o Panamá; y, en general, generará mayor competitividad y seguridad operativa para el intercambio de mercancías. De ahí que las grandes navieras ya proyecten sus operaciones árticas con viajes de exploración e inversión en flotas y plantillas adaptadas.

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