Las noticias sobre el expansivo poder chino son tan impactantes que le restan foco a La India como potencia candidata, precisamente, a contrapesar a China en su proyecto hegemónico.
Y, sin embargo, la evolución india bien merece esos titulares. Acaba de relevar a Japón como cuarta economía planetaria. Proyecta tasas de crecimiento anual en torno al 7%. Tiene un plan de desarrollo a largo plazo —industria, servicios de alta tecnología, infraestructuras logísticas e internacionalización comercial— que, si consolida sus fundamentos, podría mantenerse a pesar de los cambios de gobierno.
McKinsey considera que ese modelo productivo, basado en urbanización, transformación digital, transición energética y manufacturas avanzadas, la confirmará como motor de crecimiento global en el próximo decenio. En una nación-continente con semejante complejidad territorial conviven extremos como el subdesarrollo y una vanguardia tecnológica (y nuclear) capaz de posar una nave en el polo sur de la Luna.
Un mercado interno de 1.500 millones de habitantes
A favor de ese plan juegan factores como reducir barreras administrativas para que su inmenso mercado interior haga de locomotora, a medida que el impulso económico eleva la capacidad de consumo. Hay que recordar que es el país más poblado del mundo. Lo que en principio supone un hándicap grave, sus grandes masas de población joven puede convertirse paulatinamente en fuerza laboral para los sectores más productivos.
Especialización en tecnología
A esto se suma su especialización en servicios, su orientación hacia tecnologías estratégicas (IA, programación, infraestructuras cloud, computación cuántica…) o la relocalización de empresas y capitales occidentales.
La experiencia india en servicios informáticos externalizados, su potencial humano tanto en profesionales como consumidores, los bajos costes laborales y la política de transformación digital atraen inversiones masivas de grandes tecnológicas en centros de datos, laboratorios I+D, hubs especializados en IA o programas de digitalización de empresas. Como ejemplo, el compromiso de Microsoft de formar a varios millones de personas en competencias IA.
Pero también resulta relevante el cambio en la visión de sí misma. A lomos de un despertar nacionalista, la élite decide situar su influencia geopolítica al nivel ascendente de su economía. India ya fue la región planetaria más productiva en otros dos periodos históricos. Esa conciencia sobre su potencial se refleja en el indisimulado interés tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea para atraerla a su órbita.
La India se deja cortejar no solo por el bloque occidental. Esa es la esencia pragmática del The India Way, que durante la Guerra Fría lideró el movimiento de no alineados: una posición neutral, cuyo equilibrio entre potencias evita alinearse de forma automática con unos u otros. Prima los intereses nacionales. Así, puede sobrellevar fricciones arancelarias con Estados Unidos o fronterizas con China y poco después firmar acuerdos de cooperación con ambos. Ahí está como ejemplo el reciente impulso al Quad (minerales críticos y redes marítimas) con Estados Unidos, Australia y Japón.
Objetivo: el liderazgo del Sur Global
Incrementa su peso entres los BRICS, su inclinación natural hacia la órbita Indo-Pacífico, su influencia en África como opción menos injerencista, y su presencia en Latam. Esa especie de tercera vía en un mundo multipolar favorece su estrategia de suscribir acuerdos y tratados tanto bilaterales como multilaterales. Por ejemplo, con Francia, el país europeo con más lazos históricos, y el de libre comercio con la UE.
Este último, cuajado tras años de tanteo y negociación, reduce aranceles a gran parte de las mercancías comunitarias y se alinea con la necesidad europea de diversificar mercados y cadenas de suministro. En otras palabras, la Unión Europea se acerca a una potencia emergente más afín, con interés en la cooperación industrial, tecnológica y en defensa, para reducir la excesiva vulnerabilidad ante China. En ese contrapeso al excesivo poder de un actor, también el de Estados Unidos, parecen coincidir los intereses de Europa e India.
Como dijo Ursula von der Leyen en una visita para impulsar el tratado de comercio, “ambos tenemos mucho que perder en un mundo fragmentado de esferas de influencia, y ambos tenemos mucho que ganar con la cooperación”.