Hay empresas que si nos atenemos a su contabilidad deberían estar cerradas desde hace tiempo. Se las conoce como empresas zombis: compañías que ni están del todo vivas, no generan beneficios que les permitan crecer, ni acaban de morir, no llegan a quebrar. Lo que las mantiene en pie no es su negocio, sino un pulmón artificial: años de crédito barato y refinanciaciones sucesivas que aplazan lo inevitable.
Qué es una empresa zombi
Una empresa zombi es aquella cuya ratio de cobertura de intereses (los beneficios operativos divididos entre los gastos financieros) se mantiene por debajo de 1 durante varios años seguidos. Ya no se trata de compañías jóvenes que necesiten tiempo para madurar.
Según el Banco de Pagos Internacionales (BIS), son firmas “incapaces de cubrir el coste de su deuda con los beneficios corrientes durante un periodo prolongado”. Dicho de otro modo: lo que ingresan no basta para pagar lo que deben, de modo que sobreviven pidiendo prestado para tapar el agujero anterior.
Este fenómeno no es anecdótico. El mismo estudio del BIS señala que la proporción de compañías zombis entre las empresas cotizadas de catorce economías avanzadas pasó de en torno al 2% a finales de los años ochenta a alrededor del 12% en 2016. La causa principal fue la larga etapa de tipos muy bajos que siguió a la crisis financiera de 2008. El dinero barato redujo la presión sobre estas compañías y animó a los bancos a renovar sus créditos, lo que se conoce como evergreening, renovación de préstamos en lugar de asumir las pérdidas. Los propios autores calculan que la caída de diez puntos en los tipos nominales explica alrededor del 17% de ese aumento.
Este fenómeno no es inofensivo. Al retener empleo, capital y financiación que serían más productivos en otro sitio, las empresas zombis lastran la productividad del conjunto de la economía y dificultan que las compañías sanas inviertan y contraten. Son, en cierto sentido, una “tasa silenciosa” sobre el crecimiento.
Por qué los tipos altos hacen aflorar más zombis
Aquí surge la aparente contradicción. Si el crédito barato crea zombis, lo lógico sería que el crédito caro los eliminara y redujera su número. Sin embargo, el efecto inmediato de una subida de tipos es el contrario: saca a la luz muchas más quiebras de las que se veían.
El motivo está en el calendario de la deuda. Una empresa zombi vive de refinanciar. Mientras los tipos rondaron el cero, renovar un préstamo apenas encarecía la cuota. Pero cuando vence la deuda y toca refinanciarla a los tipos actuales, muy por encima de los de la década pasada, la factura de intereses se dispara y la financiación que proporcionaba recursos a bajo coste deja de ser un sostén y se convierte en un problema grave. Muchas compañías que aguantaban con financiación de bajo coste a duras penas pasan a una situación insostenible que en la mayoría de los casos acaba en insolvencia.
A ese golpe se ha sumado en los últimos años la retirada de ayudas postpandemia. En España y buena parte de Europa, las moratorias concursales, los créditos ICO avalados por el Estado y otras ayudas mantuvieron con vida a miles de negocios que, sin ese soporte, habrían caído antes. Al expirar esas medidas, la estadística se ha normalizado de golpe y el pasado 2025 se ha saldado con un importante crecimiento de concursos e insolvencias en una tendencia que presumiblemente siga aumentando en el corto plazo por las tensiones macroeconómicas y la inflación. Además, el Banco de España, en su Informe de Estabilidad Financiera, subraya además que una parte relevante del tejido empresarial sigue siendo vulnerable por su elevado endeudamiento, aunque el reciente alivio de tipos entre los años 2024 y 2025 haya rebajado algo la carga financiera.
Cómo protegerse: el seguro de crédito y otras herramientas
Para un proveedor o un acreedor, el peligro real de una empresa zombi no es solo cobrar tarde, es también no cobrar. Frente a esta realidad, el seguro de crédito es una herramienta especialmente útil, pero no solo por la indemnización en caso de impago, sino también por la información que proporcionan. Al estudiar y analizar cada empresa, vigilan de forma continua la salud financiera de miles de empresas, clasificándolas y asignando a cada deudor un límite de cobertura. Por ello, sus análisis son, de hecho, una de las mejores brújulas para anticipar dónde se acumula el riesgo.
La empresa también puede tomar otras medidas en paralelo:
• Vigilar la ratio de cobertura de intereses de clientes y proveedores.
• Pedir informes comerciales.
• Diversificar la cartera para no depender de un solo pagador.
• Endurecer las condiciones de cobro.
La idea principal es que en un entorno con financiación más cara, conviene distinguir a tiempo a las empresas sanas de las que solo se sostienen con financiación barata de forma artificial.
Las quiebras zombis no son, en el fondo, una anomalía del sistema, sino el coste diferido de una década de dinero muy barato. Su afloramiento con los tipos más altos es doloroso por su efecto sobre el empleo y los proveedores, pero tiene su lógica económica. Además, ayuda a liberar recursos atrapados y devuelve al mercado algo de su capacidad de renovarse. Para quien hace negocios con ellas, el seguro de crédito por su doble vertiente de protección financiera y la información que proporciona es la mejor herramienta de defensa.