Observatorio

El largo camino hacia la soberanía en materias primas críticas

Europa trata de reducir su dependencia exterior de minerales estratégicos y tierras raras. Explora yacimientos, diversifica proveedores y podría crear reservas, pero los resultados necesitan tiempo además de inversión.

Juan Pablo Zurdo

Europa está lejos de contar con los yacimientos suficientes para autoabastecerse de unas materias primas críticas (minerales, metales, tierras raras…) cuya demanda tiende a dispararse. Sin embargo, es una de las regiones globales que más las necesitan para cumplir sus objetivos de digitalización profunda, transición energética y rearme militar. Enfrenta contradicciones internas como apostar por esa economía muy demandante de materiales críticos y a la vez renunciar a su explotación por su coste ambiental. 

Ha optado por el abastecimiento exterior de materiales procesados hasta desarrollar una dependencia casi total. Según Eurostat, en 2024 importó el 95% de las tierras raras. Durante años, las cadenas logísticas se mantuvieron más o menos estables, pero la sucesión de cisnes negros esta década (pandemia, conflictos, crisis, guerras comerciales…) revela su vulnerabilidad ante cortes de suministro y cuellos de botella. 

 

Nueva normativa

La aprobación en 2024 de la ley de materias primas críticas intenta reducir esa dependencia exterior por diferentes vías y con objetivos para 2030: comenzar a explotar yacimientos propios en al menos 13 países; potenciar el reciclaje de la basura electrónica y la revalorización de deshechos mineros; diversificar proveedores para no depender tanto del principal acaparador y procesador: China

Solo han pasado dos años desde ese cambio de rumbo, pero los analistas coinciden en que los avances aún están lejos del ritmo necesario. La parte positiva es que la aplicación de la ley ayuda a precisar las dificultades prácticas, y por tanto dónde enfocar las medidas para superarlas. 

Entre esas dificultades, destaca el entramado normativo que alarga unos plazos excesivos entre el descubrimiento de una reserva y su explotación. También las enormes inversiones públicas y privadas necesarias para consolidar la industria de procesamiento y de reciclaje. O la oposición interna a las explotaciones mineras por parte de grupos políticos, ambientalistas y comunidades locales. 

 

Tensión entre sostenibilidad y economía

Este último es un punto de fricción cuyas implicaciones van más allá del choque de intereses entre una compañía minera y un grupo ecologista. Además, revela la rivalidad entre las necesidades económicas de toda la Unión Europea, por un lado, y la también prioritaria política sostenible que se ha fijado como hoja de ruta. 

La política de diversificar el suministro también muestra complicaciones por la competencia de otras potencias que llevan la delantera en firmar acuerdos con países productores. Un ejemplo de este esfuerzo diplomático: la UE ha anunciado un tratado comercial con Australia que contempla el acceso a algunos minerales y aspira a firmar acuerdos similares con países latinoamericanos y africanos. También ha pactado colaborar con el que a su vez es un competidor directo, Estados Unidos, por la sencilla razón de que ambos tienen un competidor aún más directo, China.

 

Creación de reservas de materias estratégicas

Ante estas barreras, se abre paso otra estrategia complementaria de las demás: la creación de reservas de materias estratégicas, una opción más viable porque no trata de desarrollar una industria casi desde cero sino, sino un modelo de inversión. Se trata de que Europa como unidad, o sus miembros por separado, adquieran reservas cuando los precios están bajos para tirar de ellas si se disparan las tarifas o se restringe la exportación de materias primas o procesadas como arma comercial. Alemania explora esa vía, con la participación mayoritaria de algunos de sus gigantes industriales, inspirada en parte en una medida similar de Japón

Aunque el panorama pueda parecer endiablado a corto plazo, en el medio y sobre todo el largo asoman posibilidades que lo moderan. Por ejemplo, que la demanda crítica de un mineral estimula las prospecciones y los descubrimientos de reservas. En Europa se han localizado varios en los últimos años (España, Portugal, Suecia, Francia, Alemania, Noruega, Finlandia…), aunque de momento ninguno se explota. 

 

Nuevas oportunidades

En este sentido, el subsuelo con mayor potencial para asegurar parte del autoabastecimiento europeo es el ibérico, particularmente el español. Aquí los expertos rebajan las expectativas y recuerdan que apenas estamos empezando a estudiar la ubicación y viabilidad comercial de esas reservas.

También avanzan las técnicas de identificación de yacimientos mediante IA o imágenes hiperespectrales (espectro electromagnético), entre otras tecnologías. En cualquier caso, si Europa rastrea y a veces descubre yacimientos, lo mismo ocurre en otras regiones del planeta para aliviar la escasez y diversificar las cadenas de suministro.

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