Durante décadas, los pagos internacionales han mantenido una estructura bastante estable en la que tenía un importante papel la banca corresponsal, la información y emisión de pagos a través del sistema SWIFT y una liquidación final en divisas de referencia como el dólar.
Ese sistema sigue siendo dominante, pero la geopolítica lo ha convertido también en un vector de poder. Por ejemplo, cuando un país, banco o empresa queda sujeto a sanciones financieras, su capacidad para cobrar, pagar, financiarse o asegurar mercancías se deteriora. Igualmente la fortaleza o debilidad de las divisas de referencia son un factor que condiciona su potencial exportador, convirtiéndose en un instrumento geopolítico más relevante.
El resultado es el surgimiento de alternativas, que aunque no suponga una sustitución instantánea de lo existente, dibuja una tendencia futura hacia la fragmentación con más opciones de pago, acuerdos bilaterales e inversión en sistemas alternativos.
Alternativas emergentes
La consecuencia más clara de la situación actual es un despliegue de distintas soluciones en paralelo con objetivos distintos, desde incrementar la resiliencia geopolítica, mejorar la eficiencia, conseguir una mayor soberanía tecnológica o la inclusión financiera. Estas son las alternativas, en funcionamiento o en desarrollo, más relevantes:
Interconexión de pagos instantáneos
Proyectos como Project Nexus (BIS Innovation Hub) buscan llevar sistemas domésticos de pagos inmediatos al mundo empresarial para que un pago transfronterizo sea casi tan simple como uno local.
El objetivo es reducir fricciones en el coste, problemas de horario a la hora de la liquidación y aumentar la transparencia.
Redes alternativas ligadas a monedas específicas
El ejemplo más destacado es el sistema chino CIPS (Cross-Border Interbank Payment System), una infraestructura de pagos transfronterizos independiente al SWIFT.
Su expansión, tanto por el incremento de países participantes, volumen y número de transacciones, es una señal de una mayor capacidad de liquidar operaciones comerciales y financieras en la divisa china, renminbi, especialmente cuando existen restricciones o costes crecientes en circuitos tradicionales.
Tokenización y unified ledgers para pagos mayoristas
El Project Agorá (realizado por el Banco Internacional de Pagos junto a distintos bancos centrales y operadores del sector privado) explora tokenizar el dinero de banco central mayorista y depósitos bancarios en plataformas programables para mejorar procesos. Esta mayor eficiencia se centra tanto desde el lado del cumplimiento, como en la facilidad de la conciliación de cuentas y la liquidación sincronizada.
La base está en una infraestructura tokenizada que al acortar la incertidumbre sobre cuándo se produce el pago final y disminuir retrasos, bancos intervinientes y empresas intermediarias conlleva que se necesiten menos colchones operativos para cubrir fricciones del proceso. Con ello se libera capital que antes quedaba “atrapado” como garantía que se puede usar para otros fines.
CBDC transfronterizas o multi-CBDC
El proyecto mBridge, actualmente en fase de pruebas, busca convertirse en una plataforma multi-CBDC (monedas digitales de bancos centrales) diseñada para agilizar pagos transfronterizos.
El objetivo es similar a los anteriores: reducir costes y tiempos sin depender de intermediarios tradicionales o del dólar estadounidense.
Qué significa para la financiación
Cuando cambian las formas por las que se realiza un pago internacional, se modifican también las formas de financiación al alterarse tres puntos clave:
• El tiempo real de cobro.
• El coste y los problemas de cumplir requisitos.
• La fiabilidad del canal de pagos que se utiliza.
En definitiva, si el pago llega antes y con confirmación más clara se necesita menos caja para cubrir tiempo de espera, reduciéndose el coste de circulante.
Por el contrario, si el sistema de pagos es sensible (sanciones, mayor riesgo país o menor conectividad bancaria), el banco tiende a protegerse pidiendo más garantías, aplica comisiones adicionales o incluso puede limitar el crédito.
De este modo, financiar una operación puede salir más caro aunque el pago, en teoría, sea rápido.
Además, cuando hay más sistemas y reglas, el compliance deja de ser un trámite: implica más controles, documentación y revisiones. Esto también se traduce en más comisiones, peor spread de tipo de cambio y condiciones de financiación más estrictas.
Por ello, si se recurre a infraestructuras alternativas con menos bancos y menor necesidad de liquidez, aumenta la incertidumbre (precio, tiempos, capacidad), sube la prima de riesgo y tu coste de capital pasa a depender más del país, la moneda y el canal de pago que de la operación en sí.
Qué significa para el riesgo comercial
Para una empresa que exporta o importa, el riesgo comercial ya no se reduce a la incertidumbre de si pagará el cliente y lo hará en plazos. En un entorno más fragmentado, un cliente puede tener liquidez y voluntad de pago, pero el dinero puede quedar bloqueado por controles de sanciones o por dudas sobre el beneficiario final, retrasarse porque pasa por varios bancos corresponsales con revisiones manuales, o incluso devolverse por discrepancias en datos.
Esto es más frecuente cuando existen problemas por sanciones o restricciones, cuando los bancos globales reducen relaciones de corresponsalía y quedan menos caminos operativos, o cuando la operación requiere demasiados intermediarios y conversiones de divisa, lo que multiplica los puntos donde algo puede fallar.
Esa incertidumbre se traduce en impactos muy tangibles en el negocio:
• Incertidumbre de cobro y tesorería: si no sabes cuándo será el pago final, te cuesta planificar los flujos de caja, puedes tener que financiar más tiempo el stock o la producción, y a veces necesitas recurrir a líneas de crédito puente para cubrir el hueco
• Riesgo de margen: los retrasos y los cambios de ruta suelen encarecer el tipo de cambio efectivo (más comisiones y peor spread) y te exponen a mayor volatilidad de divisas. Así, el ingreso neto puede ser menor del esperado aunque el importe en factura sea el mismo.
• Riesgo operativo que se convierte en riesgo contractual: si el pago se atasca, puede retrasarse la liberación de mercancía, activarse penalizaciones, encarecerse almacenaje o seguros, o romperse un calendario logístico, afectando plazos de entrega y la relación comercial.
En resumen, el riesgo comercial hoy incluye cada vez más el riesgo de canal (que la infraestructura de pagos funcione para tu operación concreta), además del riesgo clásico de crédito del comprador.
Qué hacer en la práctica
Los sistemas descritos anteriormente son aún minoritarios, en algunos casos incluso están en fase de prueba. Por ello, en la práctica, hay que gestionar la continuidad como si fuese un riesgo operativo más del negocio (igual que logística o aprovisionamiento), con tres capas: diagnóstico, redundancia y disciplina contractual.
Diagnóstico
En primer lugar hay que mapear los puntos críticos con un enfoque muy concreto: qué países y monedas concentran cobros y pagos, qué bancos y corresponsales se usan, qué contrapartes son más sensibles (por sector, jurisdicción o estructura societaria) y qué puntos del proceso generan más incidencias (datos incompletos, cambios de beneficiario, conversiones de divisa, bancos intermediarios recurrentes).
Este informe de diagnóstico no es un documento estático, debe revisarse cuando cambian sanciones, proveedores bancarios o la mezcla de mercados.
Redundancia
Para los flujos más relevantes, aquellos que si se paran, te bloquean la producción o las entregas, es clave tener una alternativa real y no solo teórica. Eso puede significar un segundo banco con distinta red de corresponsalía, cuentas operativas en la divisa adecuada, una estructura de cobro diferente o, en algunos casos, cambiar la moneda de facturación o el mecanismo (carta de crédito, garantía, cobro documentario) para reducir fricciones.
El objetivo no es evitar el escenario en el que un único canal falle y el negocio se quede sin capacidad de cobrar o pagar durante semanas.
Disciplina contractual
Por último, hay que blindar el contrato y el trade finance para que el riesgo de canal no desemboque en forma de conflicto comercial. En la práctica, ayuda a conseguirlo incorporar cláusulas de pago alternativo (qué ocurre si la ruta habitual se bloquea), definir con claridad quién asume costes extra de compliance y de tipo de cambio, y vincular hitos logísticos a eventos verificables.
También conviene alinear los contratos con seguros, garantías y financiación de comercio.
Por último, la parte menos visible, pero decisiva, es invertir en procesos y datos. Muchos bloqueos no ocurren por mala fe, sino por errores. Mejorar la calidad de datos, estandarizar documentación y automatizar verificaciones de información reduce revisiones y evita que se demoren operaciones.
En un mundo donde la geopolítica empuja a una red de pagos más fragmentada, el riesgo financiero de una empresa ya no depende solo del precio del dinero, sino de la ruta por la que ese dinero circula. Por ello, mientras se desarrollan sistemas alternativos, es fundamental tratar los pagos internacionales como una infraestructura crítica del negocio, con un mapa de exposición, planes de contingencia y contratos diseñados para el fallo. Hacerlo correctamente no solo reduce problemas, también permite ganar capacidad de operar, negociar y financiarse en un entorno donde la continuidad, cada vez más, es ventaja competitiva.