Observatorio

Negocios lejos de las grandes urbes

Las posibilidades del teletrabajo, el internet de alta velocidad o el deseo de cambiar de vida lleva a muchas familias, empresas y pymes a trabajar lejos de las grandes urbes.

Miguel Ángel García Vega
Urbes

 

El 54% de la población mundial vive en ciudades. Pero es un fenómeno que en cada país tiene su propia semántica. En España, por ejemplo, las zonas urbanas concentran más del 65% del empleo y son capaces de generar el 66% de la riqueza. Al otro lado, un territorio rural con su propia historia. El informe Despoblación y políticas de lugar elaborado por EsadeEcPol ha descubierto que este vaciamiento humano no es un fenómeno uniforme. Los municipios rurales de algunas comunidades autónomas han crecido en población. Es el caso de Madrid (incremento del 45%), Murcia (34%) o Cataluña (31%); mientras otros han perdido población. Pensemos en Asturias (-26,9%), Castilla y León (-19,7%), Galicia (-16,9%) o Extremadura (-9,6%). El resultado es una brecha. “En Estados Unidos está bastante estudiado”, apunta José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). “Existe una migración hacia municipios situados en las afueras de las grandes urbes metropolitanas. Por ejemplo, de espacios densos y caros como San Diego y San Francisco a ciudades más baratas tipo Austin en Texas”, ahonda.
 

España tiene sus particularidades. “No existen soluciones mágicas para la despoblación, como las grandes infraestructuras o el esfuerzo tecnológico del 5G. En el mejor de los casos, el objetivo de las políticas será ralentizar un proceso que, para determinados territorios, será inevitable”, lamenta el #twecos y director de EsadeEcPol, Toni Roldán. Esta relación entre el centro y la periferia compone un mapa distinto según cada geografía. ¿Qué se puede hacer? ¿Resignarse? “La mejor opción es que las medidas se centren en favorecer las condiciones para que se genere actividad económica en las zonas en declive, adaptando las políticas o las necesidades y oportunidades de cada lugar”, observa el docente. Sobre todo de cara a los 10.000 millones de euros que llegarán de Bruselas en el famoso Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

De hecho, la Comisión Europea ha preguntado a los españoles de las áreas rurales y alejadas de las grandes concentraciones. ¿Cuáles son las prioridades? Transporte, infraestructura y acceso a Internet. Ese orden, esa importancia. La aurora alumbra, a veces, un país diferente. Un estudio de la Universidad de Navarra y la Asociación de Directivos de Capital Humano (DCH) aporta una información valiosa. “Muchos españoles cambiaron con la pandemia su lugar de trabajo, bien a pueblos donde los alquileres son de 250 euros mensuales, o a segundas residencias”, narra Alberto Andreu, profesor de la Facultad de Economía del centro navarro. Y añade: “Sin embargo, la realidad es que la España Vaciada no está todavía totalmente preparada para recibir teletrabajadores: en poblaciones pequeñas existen menos posibilidades de acceder a servicios sanitarios y educativos. Sobre todo, en aquellas localidades que solo disfrutan de 30 megabites de velocidad en Internet”. Pero los datos de la consultora Magnet revelaron, también, una geografía paralela. Encuestaron a 15.000 personas de 173 nacionalidades, pertenecientes a la comunidad de expatriados. Y sus tierras prometidas fueron: Valencia, Alicante, Málaga y Madrid. Sin olvidar las islas Canarias, que ya cuenta con 8.000 profesionales instalados.

Porque la vida es un viaje. Alonso López y su mujer, Elena, dejaron la sierra madrileña (La Cabrera) por un pequeño pueblo en Huesca. Ambos dirigen una empresa de diseño digital para firmas y particulares y el teletrabajo era algo a lo que estaban acostumbrados. Elena había veraneado desde que era niña en el Valle de Hecho (Huesca) y todo encajaba en su particular álgebra de la existencia. “Hubo fibra de alta velocidad antes en el Valle que en La Cabrera”, recuerda Alonso López. Y advierte: “No es una vida para todo el mundo. Tiene que gustarte la montaña, pero aquí, por ejemplo, para nuestra hija, Gala, de seis años, hay colegio, un centro de salud, a los que vas andando o en bicicleta, y cuando hace falta puedes coger el AVE y desplazarte a Madrid”. Han abrazado, hará unos cinco años, una vida “montañesa” en un paisaje como extraído de una antigua postal de los Alpes suizos.

Otra empresa que necesita espacio es la viña. La fiebre de los viñedos ha llegado incluso a que se planten en las afueras de París. Sin duda hacen falta operarios en el campo en algunos momentos concretos, pero también existen sistemas de monitorización remota que controlan con tecnología 5G desde el estado de maduración de la uva hasta el momento adecuado de la poda. “La tecnología está descentralizando todos los procesos. Puedes controlar una viña en Otazu, a ocho kilómetros de Pamplona, donde tenemos 116 hectáreas, mientras estás en otra geografía”, comenta Guillermo Penso, director general de la bodega Navarra. “Las nuevas aplicaciones te permiten, como hemos hecho nosotros, cartografiar digitalmente el viñedo a través de drones y sistemas de aviones no tripulados”. Son negocios en las orillas de la ciudad y una forma también de vertebrar el territorio y la omnipresente España Vaciada. Porque no existe tal España. Está llena de memoria y cada vez de más actividad. El tiempo allí, quizá, sea distinto y resulte tan lento como el pasar de los bueyes sobre la nieve.
 

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