Observatorio

La economía que viene tras la pandemia

Crisis y oportunidad. Pros y contras de la economía que viene a raíz de esta pandemia. Repaso de tendencias.

Juan Pablo Zurdo
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Las paradojas de la economía reproducen la condición humana. ¿Cuándo necesitamos más certidumbre en las predicciones? Precisamente cuando más inciertas son por la aceleración de cambios. Una de las primeras consecuencias de la crisis del 2008 fue la decepción generaliza con los economistas que no advirtieron del sobrecalentamiento. Los hubo, pocos, pero no tuvieron minutos en primetime. La gran paradoja de las crisis es el conocido aserto de que entrañan oportunidades. La Primera Guerra Mundial propició los felices veinte, el exceso de euforia terminó en el crack que abonó la siguiente Guerra Mundial y esta dio paso a la economía de consumo que generó la mayor fase de prosperidad jamás disfrutada. Aquella pandemia tan parecida a la actual, la mal llamada Gripe Española, impulsó la ciencia médica y los sistemas públicos de salud.

Si la primera ola aceleró en meses un grado de digitalización que hubiera requerido años, la segunda ola potencia una fase de implantación planificada a medio plazo, sin la urgencia del sálvese quien pueda anterior. El teletrabajo evoluciona en el Smart Working, las empresas mudan la gestión a la nube con una perspectiva permanente y el análisis de datos permite controlar mejor la orientación de los cambios. El contra es la criba cruel de negocios con escasos recursos financieros y tecnológicos para reaccionar a este entorno. Los sectores castigados, especialmente los que viven de la sociabilidad, dejan espacio a otros modelos de negocio como el comercio online y el servicio delivery, el soporte técnico a esa digitalización o la salud física y emocional. Además de los oficios tecnológicos, emerge la industria que palía la incertidumbre y crece el valor de herramientas predictivas como el seguro de crédito.  

Más calidad en productos y servicios, más empatía con las necesidades prácticas del cliente y, al mismo tiempo, la tiranía del precio. Este ya era un factor dominante, siempre lo es, pero hasta hace unos meses aún cabía el consejo de que lo barato sale caro. Hoy parece que en los concursos la vista del cliente va directa a esa cifra roja al final del proyecto. Las empresas enfrentan una triple paradoja: cómo ofrecer lo muy bueno a un precio aún más bueno para el comprador y además con una rentabilidad que compense.

Las crisis estrechan el margen de maniobra cuando más cintura se necesita. Cualquier factor que facilite un comportamiento ágil para cumplir el objetivo anterior cotiza al alza: en la organización y el modelo de negocio, en el diseño de nuevos productos y servicios, en la búsqueda de mercados y proveedores que aseguren la cadena de suministros… Por lo tanto será necesario otro nivel de creatividad. No bastará la de un dotado solitario sino integrada en la inteligencia colectiva, como la que comparte el conocimiento global sobre el virus. Despegan los modelos colaborativos en organizaciones menos jerárquicas, los equipos multidisciplinares para proponer enfoques más útiles en tanto que más diversos. Cinco mentes piensan mejor que una, si comparten método y objetivo, no ruido. 

Canales con agua transparente que ni los más viejos venecianos recordaban. Primera caída notable de las emisiones de CO2. Pero, a qué precio: una congelación económica insostenible. Para acelerar la transición, la economía verde ha de ser, además, un buen negocio. Mareantes inversiones como el Green Deal europeo sostienen la sostenibilidad como uno de los sectores emergentes. Y a todos los niveles, en empresas especialistas, pero también en el comportamiento medioambiental de todas las demás. Parece seguro el avance de los incentivos fiscales y las normativas de mano dura. Por cierto, la prevención de pandemias entra en ese saco, también se asocian con el desarrollo insostenible.   

Este último punto se proyecta en la responsabilidad social corporativa. Una nueva paradoja, porque las empresas desesperadas por sobrevivir dirán que bastante tienen con los suyo. Es razonable, pero esa misma solidaridad ciudadana que está permitiendo sobrevivir a un país, con ejemplos como el de Cruz Roja, que  vio desbordadas sus previsiones de voluntariado, reclama el hombro de la empresa a la altura de la necesidad. Abundan los ejemplos: viviendas rebajadas para el personal sanitario o los estudios de impacto positivo que se presentan en las licitaciones al nivel de la calidad técnica del proyecto. El consumidor premiará ese compromiso sincero, merece la pena divulgarlo.

Si la economía es un estado de ánimo, ojalá acierte la predicción de que las vacunas trocarán pesimismo por optimismo, siquiera moderado porque vacuna no significa necesariamente panacea. 
 

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