Si el mundo puede capturar a escala masiva el CO2 emitido y reutilizarlo en productos rentables, entonces no solo desarrolla una nueva industria especializada, además hace más accesibles los grandes objetivos climáticos. Una capacidad así podría suponer un alivio para las actividades más intensivas en emisiones, hoy en la mira de regulaciones ambientales estrictas.
Aunque esa capacidad solo parece viable a medio plazo, no dejan de darse pasos para intentar alcanzarla antes de lo previsto, siguiendo el ejemplo de otras tecnologías que se adelantaron a las estimaciones, por ejemplo, una IA que puede usarse, precisamente, para ampliar el uso industrial del CO2.
Reducir el consumo y mejorar rentabilidad
El principal escollo es el elevado coste energético de capturar una sustancia tan etérea, almacenarla y convertirla en materia industrial operativa, aunque progresan los modelos de eficiencia energética que reducen ese consumo. También avanzan las técnicas que transforman el CO2 para usarlo como ingrediente en materiales básicos de construcción, sobre todo cementos y hormigones; para mejorar procesos metalúrgicos en acerías; en la producción de combustibles sintéticos a partir de su combinación con hidrógeno, aunque su competitividad depende en parte de una electricidad barata; y en aplicaciones químicas, desde usos tradicionales como la producción de metanol y fertilizantes a otros más novedosos en fabricación de polímeros y lubricantes o en procesos farmacéuticos.
Como ejemplos del interés institucional tenemos al Fondo Monetario Internacional y su respaldo a empresas tecnológicas que desarrollan o mejoran procesos para transformar el CO2 en combustibles sintéticos para aviación, transporte de larga distancia e industrias marítimas, además de materias primas mejoradas para las petroquímicas.
Algunas proyecciones sugieren que para mediados de siglo las tecnologías avanzadas en captura, almacenamiento y utilización del carbono podrían elevar la escala de su capacidad de procesamiento a unas 5 o 6 gigatoneladas anuales en escenarios propicios (las emisiones antropogénicas registradas en 2023 superan las 37 gigatoneladas, según la Agencia Internacional de la Energía, AIE).
Predicciones de crecimiento del mercado
Diversas consultoras coindicen en un crecimiento sostenido del mercado, aunque en un arco muy holgado entre el casi 7% de los escenarios conservadores y el 25% en los óptimos. Entre estos últimos, markets and markets estima que el negocio podría multiplicarse desde poco más de 5 billones de dólares (billones anglosajones) en 2024 a 17,75 a finales de esta década. Se trata no obstante de una predicción en la categoría más optimista y obviamente previa a un cisne negro como la guerra en el entorno de Irán y Ormuz, que puede perjudicar a las grandes inversiones necesarias en I+D, infraestructuras, sistemas de captura y almacenamiento, redes de transmisión y transporte.
Principales retos
En 2023, la Agencia Internacional de la Energía calculaba que solo entre el 15% y 20% del CO2 capturado acababa en usos comerciales. Con una particularidad: la mayor parte de ese empleo corresponde a la recuperación mejorada de petróleo (una técnica de extracción en yacimientos complicados). Según este organismo, los incentivos a la inversión y constatar que la reducción de emisiones va bastante más lenta de lo esperado están acelerando el desarrollo de estas tecnologías de captura y uso.
También señala barreras que deberían superarse como la creación de marcos regulatorios adecuados y la capacitación de personal especialista, si bien estos requisitos pueden mejorar su cumpliendo a medida que aumenta la rentabilidad del negocio.
I+D para diversificar su utilidad en diferentes sectores
Con ese mismo objetivo, aparecen nuevos avances tecnológicos, si bien muchos aún no pasan de proyectos piloto. Entre ellos, el MIT ha presentado un nuevo tipo de electrodos/catalizadores que facilitan, con menor consumo energético que los equipos convencionales, la conversión del CO2 en compuestos químicos y orgánicos potencialmente usables en industrias.
En otro laboratorio trabaja la inyección de carbono líquido en materiales de construcción que aspira a convertir edificios e infraestructuras en grandes sumideros. Por su parte, un instituto tecnológico japonés desarrolla un fotocatalizador más eficiente, aseguran, que los modelos previos tanto para eliminar CO2 como para convertirlo en metano.
Algunas de investigaciones avanzan en el uso del CO2 para generar un tipo de celulosa textil, en la producción de proteínas a partir de procesos orgánicos que usan el CO2 como alimento, o para cultivar algas y microalgas, una de las materias alternativas más versátiles desde la agroalimentación a la construcción o, de nuevo, la fabricación de biocombustibles.