Perspectivas

Guerra en Oriente Medio: actualización de los escenarios y repercusiones económicas

El riesgo real radica en la persistencia: cuanto más dure el conflicto, mayor será la presión sobre el crecimiento mundial, las industrias clave y las cadenas de suministro de materias primas.

Christian Büger y Pavel Gómez del Castillo
petrolero pasando por el estrecho de Ormuz salpicado de candados

Las perspectivas de la guerra en Oriente Medio son cada vez más difíciles de interpretar. Las tensiones regionales se han intensificado, los ataques transfronterizos se han extendido y los corredores comerciales se enfrentan a interrupciones. Los mercados y las empresas tienen dificultades para evaluar hasta dónde podría llegar esta escalada y en qué medida podría afectar al suministro energético y la actividad económica. En este contexto de incertidumbre, las perspectivas de Crédito y Caución se basan ahora en dos posibles escenarios, en función de la duración del enfrentamiento y la gravedad de las perturbaciones que causará en los mercados energéticos y la actividad local.

 

Una crisis en una encrucijada: dos escenarios en juego

En el escenario base de Crédito y Caución, el estrecho de Ormuz permanece efectivamente cerrado hasta finales de abril. Los ataques a las infraestructuras del Golfo están causando daños limitados, y las interrupciones en el estrecho de Ormuz se resolverán gradualmente a partir de mayo. El transporte marítimo se enfrenta a interrupciones ocasionales, lo que empuja los precios del petróleo a un rango de entre 80 y 130 dólares por barril. La principal presión recae sobre los sectores no petroleros de la región del Golfo, donde la confianza puede tardar más tiempo en recuperarse.

Por otro lado, el escenario más pesimista parte de un conflicto mucho más prolongado, que se extiende a lo largo de varios meses y aumenta el riesgo de una implicación regional más amplia. En este contexto, los intentos de cambio de régimen, combinados con la escalada a través de los aliados de Irán, provocarían daños más estructurales a la capacidad de producción de petróleo y gas en la región del Golfo. Las pérdidas persistentes de suministro elevarían los precios del petróleo a entre 110 y 150 dólares por barril, lo que provocaría una crisis económica más profunda y prolongada.

Según Niels de Hoog, economista sénior de Atradius, “seguimos operando dentro de nuestro escenario base, aunque los últimos acontecimientos sugieren un desplazamiento gradual hacia los riesgos a la baja implícitos en la perspectiva del peor de los casos. Los ataques se han intensificado en todo el Golfo y ahora incluyen ataques contra instalaciones críticas de petróleo y gas, lo que sigue siendo motivo de preocupación”.

 

Los mercados petroleros están bajo presión, pero no fuera de control

Uno de los efectos inmediatos más visibles de la crisis ha sido el fuerte repunte de los precios del petróleo. Esto refleja una combinación de interrupciones directas y una creciente incertidumbre sobre cómo puede evolucionar el conflicto. Según el Departamento de Riesgo Económico de Atradius Crédito y Caución, se están sucediendo varios factores perturbadores al mismo tiempo, amplificando la tensión en los mercados.

En primer lugar, con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, se está retirando del mercado un volumen significativo de suministro físico. Como consecuencia del cierre del estrecho y por motivos de seguridad, los países del Golfo se vieron obligados a detener la producción. Cuando se paraliza uno de los corredores energéticos más críticos del mundo, los precios reaccionan rápidamente.

En segundo lugar, los ataques directos contra petroleros e infraestructuras energéticas han aumentado los riesgos operativos para transportistas y productores. Un mayor peligro suele implicar mayores costes, una capacidad más limitada y, en última instancia, precios más altos.

Por último, las señales de que el conflicto podría prolongarse más de lo inicialmente previsto han elevado la prima de riesgo de forma significativa, a medida que los inversores se adaptaban a la perspectiva de una interrupción más persistente.

A pesar del reciente repunte de los precios del petróleo, se prevé que el impacto general en el mercado energético se mantenga relativamente contenido.

Como explica De Hoog: “La mayoría de las interrupciones hasta ahora se han debido a cuellos de botella en el almacenamiento y a paradas preventivas, más que a daños físicos en la infraestructura, lo que significa que la capacidad puede restablecerse con relativa rapidez, una vez que las condiciones se estabilicen. Los Estados del Golfo entraron en la guerra con una importante capacidad de reserva, lo que hace menos probable un aumento duradero de los precios. La clave será la rapidez con la que se normalice el tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz. Cuando el estrecho vuelva a abrirse, los flujos podrían tardar varias semanas en recuperar su plena capacidad, ya que el transporte marítimo requiere tanto garantías de seguridad como confianza antes de reanudar el paso regular”.

 

Un ritmo de crecimiento más lento

La crisis afectará al crecimiento en toda la región. En el escenario base de Crédito y Caución, se prevén revisiones a la baja de entre 0,4 y 1,7 puntos porcentuales para las economías de Oriente Medio menos afectadas. Sin embargo, para los países más gravemente afectados —como Catar y Kuwait— la revisión a la baja podría situarse entre 3,5 y 15 puntos porcentuales. Como señala De Hoog, “En un escenario más severo, el impacto sobre el crecimiento en toda la región podría superar nuestras estimaciones actuales. Pero el punto clave de nuestra perspectiva de referencia es que es probable que la crisis sea de corta duración y que a las caídas de 2026 les sigan fuertes recuperaciones en 2027. El sector no petrolero sería el más afectado, pero la mayoría de las economías deberían evitar la recesión y mantenerse en general resilientes, con una sólida recuperación prevista una vez que las condiciones se estabilicen”.

Pero la desaceleración no se detiene en las fronteras de la región. Según el análisis realizado por Crédito y Caución, el efecto ya es muy visible: el crecimiento mundial se modera del 3,0% a cerca del 2,6%, mientras que en la Unión Europea cae de alrededor del 1,3 % al 1,0 %. Para 2027, la presión se desvanece, con el mundo en el 3,0 % y la zona euro en el 1,7 %, lo que indica que no habrá más efectos.

Sin embargo, el panorama cambia en el escenario más pesimista. Con una tensión sostenida en los mercados energéticos, el impacto se agrava y se acumula. En 2026, el crecimiento mundial caería hasta alrededor del 2,5 %, mientras que el de la Unión Europea se reduciría al 0,6 %. Para 2027, la desaceleración persistiría, situando al mundo en el 2,7 % y a Europa en el 1,5 %. 

Según Theo Smid, economista sénior de Atradius, «la inflación es el principal canal de transmisión a través del cual se ve afectada Europa. Tras un invierno frío, las reservas de gas de la Unión Europea han caído hasta alrededor del 30% de su capacidad, lo que deja al bloque en una posición desfavorable de cara a la temporada de recarga. Los precios mayoristas del gas repercuten directamente en los precios de la electricidad y al consumo, lo que provoca una mayor inflación y un menor gasto de los consumidores». 

En resumen, la duración del conflicto determinará los efectos del mismo. Una crisis breve y contenida enfría la actividad, pero deja intacta la recuperación. Un conflicto más largo e intenso pesa más sobre la producción y deja una huella económica más profunda.

 

Los sectores que sufren la presión

En el escenario base, el sector del transporte es uno de los primeros en sentir el impacto, con un crecimiento del transporte aéreo del 0,4 % inferior a las expectativas previas al conflicto. Oriente Medio es un centro neurálgico clave para la logística mundial, y el conflicto está alterando tanto las rutas marítimas como las de transporte aéreo de mercancías que unen Asia y Europa. El transporte aéreo de mercancías está especialmente expuesto, ya que una parte significativa de los envíos entre China y Europa suele atravesar el Golfo. Con el desvío de las rutas y el aumento de los costes del combustible, los precios del transporte de mercancías se mantienen elevados. Los productos más afectados son los de alto valor y sensibles al tiempo, como la electrónica avanzada, los productos farmacéuticos y los perecederos.

 

Efectos en los costes operativos 

Se prevé que la producción del transporte marítimo sea un 0,3 % inferior a las previsiones anteriores a la guerra. El cierre del estrecho de Ormuz ha reducido drásticamente la disponibilidad de petroleros, mientras que los buques no destinados al transporte de energía siguen mostrándose cautelosos a la hora de volver al canal de Suez. El sistema es más resistente que durante las interrupciones de 2023, gracias al exceso de capacidad y al uso generalizado de la ruta del cabo de Buena Esperanza, pero el aumento de los precios del petróleo está elevando los costes operativos de los buques.

El combustible suele representar entre el 30% y el 40% de los costes operativos totales, por lo que un aumento sostenido del 50 % en el precio del petróleo puede elevar los costes de flete entre un 15% y un 20%. Los exportadores asiáticos, que se enfrentan a distancias más largas hasta los mercados clave, tendrán que soportar los mayores aumentos en los costes de flete y seguros. Las economías europeas, a pesar de estar muy abiertas al comercio, se enfrentan a una menor carga de costes porque se benefician del extenso comercio intracomunitario.

 

Materias primas 

El aumento de los precios de la energía también afecta al sector químico, que depende en gran medida del petróleo y el gas tanto para su abastecimiento energético como para sus materias primas. La región del Golfo suministra aproximadamente la mitad de las exportaciones mundiales de etilenglicol y casi el 40% del metanol, ambos esenciales para la fabricación de plásticos y productos químicos industriales. Además, representa alrededor del 45 % de la nafta transportada por mar y más del 25 % de las materias primas clave para la fabricación de plásticos, como el estireno y el polietileno. Las interrupciones en los suministros están ejerciendo presión sobre los fabricantes, especialmente en Asia, y se prevé que el crecimiento del sector químico el próximo año sea aproximadamente un 0,4 % inferior al previsto inicialmente. Fuera de Oriente Medio, los productores químicos europeos serán probablemente los más afectados, ya que el aumento de los precios del gas agrava los retos de competitividad que llevan tiempo enfrentando en comparación con China y Estados Unidos.

Los metales, en particular el aluminio, se enfrentan a una presión similar. El Golfo produce alrededor de una décima parte del aluminio mundial, gran parte del cual se transporta a través del estrecho de Ormuz. Cualquier interrupción prolongada sería difícil de compensar: la reactivación de las fundiciones inactivas es lenta y costosa, y la producción de aluminio consume mucha electricidad. La energía suele representar entre el 30% y el 40% de los costes de producción, por lo que el aumento de los precios de la electricidad puede obligar a las fundiciones a reducir la producción, lo que restringirá la oferta y empujará los precios al alza. Los productores europeos parecen los más expuestos debido al fuerte aumento de los precios del gas. El alza de los precios del aluminio elevará los costes de los insumos para las principales industrias compradoras, entre ellas la automoción, la construcción, el embalaje y la industria aeroespacial.

 

Sector de la Agricultura

La agricultura tampoco se libra. Las cadenas de suministro de fertilizantes son vulnerables porque el gas es un insumo fundamental. Oriente Medio produce alrededor del 25 % del azufre mundial, el 23 % de la urea, el DAP y el amoníaco anhidro. Aproximadamente un tercio del comercio marítimo de fertilizantes pasa por el estrecho. Las interrupciones en las instalaciones de GNL y las rutas marítimas ya han hecho subir los precios de los fertilizantes, y ahora hay escasez de azufre. Muchas economías asiáticas, como China, India, Tailandia, Filipinas, Vietnam, Pakistán o Sri Lanka, dependen en gran medida de las exportaciones del Golfo y se enfrentan a esta escasez en un momento difícil, ya que comienzan las temporadas de siembra en las principales regiones productoras de arroz y maíz.

Más allá de la agricultura, el ácido sulfúrico, esencial para el procesamiento del cobre, el níquel y otros metales para baterías, también se ve afectado. Una interrupción prolongada del tráfico en el estrecho de Ormuz podría provocar una contracción tanto de las cadenas de suministro de fertilizantes como de los metales para baterías, lo que añadiría otra capa de presión a los mercados de materias primas.

 

Seguimiento y adaptación

En última instancia, el impacto en la economía mundial y los mercados financieros dependerá de la duración y la intensidad del conflicto. A pesar de la incertidumbre, Atradius Crédito y Caución sigue operando con normalidad en todo Oriente Medio, garantizando la cobertura y el apoyo a nuestros clientes y socios. Supervisamos la evolución del riesgo asociado a las líneas de crédito comercial de nuestros asegurados en la región, seguimos de cerca los acontecimientos y recopilamos información de múltiples fuentes para garantizar que nuestras respuestas sigan siendo precisas y específicas para cada contexto.

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