Xavier Ferràs

Profesor de Innovación en Esade y decano asociado de Emba

“Reducir el riesgo permite avanzar en el camino de la innovación”

“La situación geopolítica y la propia disrupción tecnológica aumentarán la volatilidad empresarial y la velocidad de las insolvencias, tensionando sus modelos actuales”

Por Javier Labiano

Usted afirma que gestionar la innovación consiste también en gestionar adecuadamente el riesgo. ¿Cómo se interrelacionan ambos parámetros? 

La innovación se diferencia de la simple mejora en que la mejora no incorpora riesgos. La innovación sí. Mejorar, hacer lo que ya hacíamos con mayor eficiencia, es un acto obligado para cualquier directivo. No hay mérito en ello. Innovar significa conquistar nuevas posiciones exclusivas, nuevos productos, nuevos modelos de negocio, nuevas tecnologías, para lo que se requiere entrar en campos desconocidos, asumiendo incertidumbre o complejidad, es decir riesgo. 

Justo de ahí emana la ventaja competitiva sostenible: de la capacidad de hacer cosas que otros no puedan, no sepan o no se atrevan a hacer. Pero para eso, hay que arriesgarse. Yo hago una analogía con subir una montaña. Todos podemos pasear por la base. Eso es mejorar. Pero alguien sube y conquista la cima. Eso es innovar. Gestionar la innovación es gestionar el riesgo de la subida, avanzando paso a paso, con prudencia, metodología y planificación, pero aspirando a llegar a la cima.

 

Hace más de un año, Mario Draghi trazó un plan para que Europa se convierta en un continente innovador. ¿Se ha avanzado algo en este terreno?

Sí, hace aproximadamente un año (septiembre de 2024) el ex-presidente del Banco Central Europeo y ex-primer ministro italiano Mario Draghi presentó un amplio plan de competitividad para la Unión Europea, conocido como “El futuro de la competitividad europea” o informe Draghi. El documento fue encargado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como una hoja de ruta para afrontar la pérdida de dinamismo económico de la Unión Europea frente a Estados Unidos y China y proponer un cambio estructural en la política industrial, de innovación, inversión y regulación europea. Lo presentó, además, con sentido de urgencia. 

Hoy, la Unión Europea es una colonia tecnológica norteamericana. Dependemos absolutamente de sus tecnologías en la práctica totalidad de ámbitos de defensa, ciberseguridad, digitalización e IA. La industria europea no ha sabido reaccionar a disrupciones como el vehículo eléctrico. Y no se ha hecho política industrial o aeroespacial como sí la han hecho, implícita o explícitamente, Estados Unidos o China. Un año después, apenas se han implementado el 10% de sus recomendaciones, aunque es cierto que el mensaje ha calado y en todas las instancias europeas se habla de la necesidad de autonomía estratégica.

 

¿Qué estrategias utilizan los países más avanzados para estimular la investigación y el desarrollo? 

Si partimos de la base de que la innovación es un riesgo, la estrategia es reducir ese riesgo para que más emprendedores y empresas avancen en el camino de la innovación. He visto proyectos de desarrollo de chips electrónicos, liderados por jóvenes talentos en España, o en Europa, que simplemente tienen que irse a ecosistemas más generosos y agresivos, donde se cubre ese riesgo con potentes instrumentos financieros públicos. 

Desarrollar un chip desde cero, o, en general, una tecnología disruptiva, requiere inversiones iniciales en I+D fundamental. Pero también ayudas directas para realizar prototipos, créditos blandos para escalarlos, fiscalidad favorable para atraer más inversión, y compra pública experimental para generar los primeros mercados. Si, ante este escenario, un país le dice al emprendedor o a la empresa “hágalo usted mismo”, o “pida un préstamo a su banco”, ese emprendedor se va a Taiwan o a Corea del Sur, donde le facilitarán todo tipo de cuerdas para subir esa montaña, y compartirán el riesgo de fracaso con él o ella.

 

¿Cómo ha evolucionado en la última década la situación de España en I+D?

La economía española invierte el 1,5% de su PIB en I+D. Según los pactos de Lisboa, firmados por los países miembros en 2000, ya en 2020 deberíamos haber cruzado la frontera del 3% (objetivo europeo para ese año). Seis años más tarde, estamos a la mitad. Y veo muchas palabras, pero pocos nervios y todavía menos presupuestos por parte de nuestros líderes políticos. 

Es cierto que en los últimos años se percibe una aceleración: hemos pasado muy rápidamente del 1,2% al 1,5% tras la pandemia. Seguramente por la llegada masiva de recursos europeos. No obstante, no percibo esos recursos circulando por las venas de las empresas. Por eso, no se constata un aumento de productividad en la economía. Me temo que esos recursos van, en gran medida, a proyectos de investigación pública que se ejecutan dentro del perímetro de lo público, sin generar ventajas competitivas y empleos reales en los mercados. 

Hace 25 años que, en todo tipo de foros, think-tanks y consejos asesores se repite la misma pregunta: ¿por qué no despega la innovación en España? Y la respuesta es sencilla: porque no se han destinado recursos estratégicos, a escala suficiente, y con efecto multiplicador, para estimular la I+D empresarial. Se ha hecho una política científica razonablemente buena, pero no una política industrial orientada a desarrollar sectores intensivos en I+D.

 

¿Qué cambios relacionados con la tecnología y la geopolítica están dejando en evidencia los últimos conflictos internacionales?

La cima de la economía mundial ha sido conquistada por empresas de frontera tecnológica. Al doblar el siglo, las empresas más ricas del mundo por valor financiero eran petroleras, automovilísticas, farmacéuticas, distribuidoras o bancos. Hoy, son todas tecnológicas, y la gran mayoría centradas en el desarrollo de la IA. En un mundo que se fragmenta y se encamina hacia una II Guerra Fría (con claros puntos calientes y de conflicto), quien tenga la mejor I+D, la mejor IA o los mejores chips, no solo tendrá los mejores productos en el mercado. También tendrá los mejores dispositivos médicos, las mejores redes energéticas y los mejores aviones de combate o drones. El mundo entra en una hipercompetición tecnológica. 

 

¿Qué impactos en la evolución económica internacional tendrá la inteligencia artificial durante los próximos años?

La IA es una tecnología de profundo poder transformador. No creo que haya burbuja, aunque las inversiones de capital que requiere son extraordinarias. Las Big Tech acaban de declarar unas previsiones de inversión de 600.000 millones de dólares para el próximo año. Entramos en fase de adopción acelerada. No conozco ninguna empresa que no se plantee el uso de la IA a corto plazo, aunque falta por definir modelos de uso y estándares claros. 

Eric Schmidt, ex CEO de Google, afirma que no hay sobreexpectativas en la IA, sino infravaloración, que la transformación va a ser incluso mayor de lo que prevemos. Creo que el impacto va a ser masivo en productividad, que es la parte positiva, y en reconfiguración del mercado de trabajo, que es una parte no tan positiva, ya que es posible que veamos una extinción de muchos empleos cognitivos, aquellos que se creían inmunes a la automatización y a la disrupción tecnológica.

 

¿Cómo Esade prepara a sus alumnos para el nuevo entorno laboral marcado por la IA?

Esade fue pionera en el lanzamiento de un programa universitario en Inteligencia Artificial para los Negocios, ya en 2022. Actualmente, ofrecemos diferentes programas de formación en IA, a todos los niveles (grado, postgrado, máster, programas abiertos o customizados para empresas). El uso de la IA en la investigación nos ha incrementado notablemente la productividad en la generación de conocimiento. Y estamos experimentando e introduciendo todo tipo de aplicaciones digitales en la interacción estudiante-profesor, y en las actividades docentes. Sin duda, la IA aumentará la experiencia educativa, y acelerará el desarrollo de nuevo conocimiento. 

 

¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?

La IA permitirá evaluar riesgos en tiempo real, integrar datos alternativos y anticipar deterioros con mayor precisión. Pero al mismo tiempo, la situación geopolítica y la propia disrupción tecnológica aumentarán la volatilidad empresarial y la velocidad de las insolvencias, tensionando sus modelos actuales. Se deberán gestionar nuevos riesgos sistémicos derivados de la inestabilidad geopolítica. Y se abre una oportunidad: quien disponga de la mejor inteligencia estratégica y dominio de la IA, seguramente podrá generar elementos de diferenciación también en el segmento de los seguros de crédito.