¿Qué nuevas medidas para potenciar el progreso económico deberían aplicarse en España?
Daría para un libro muy extenso, pero hay al menos tres medidas “de choque” que deberían implementarse con cierta celeridad. Una es construir más y acelerar los trámites para que las viviendas nuevas y las reformadas sean habitables -no basta con hacer el edificio, debe llegar la electricidad también- y así reducir el precio final; esto no es sólo un problema económico, también social y hasta demográfico porque la imposibilidad de formar familias entre la juventud acentúa la reducción de la tasa de fertilidad. Otra medida es deflactar ya el IRPF para que aumente el poder adquisitivo de los españoles. Y la tercera medida es evitar el cierre de las nucleares, ya que la estabilidad energética es clave y lo será más según avance la implementación de la inteligencia artificial.
¿A qué variables económicas afectará en mayor medida la guerra de Irán?
Para responder a esa cuestión, partamos del supuesto de que efectivamente se ha acabado dicho conflicto, algo que a día de hoy sigo sin tener claro, a pesar de la euforia que muestran los mercados financieros. Si realmente finalizó y vuelve a la normalidad el tráfico por el estrecho de Ormuz, para el incremento del PIB las consecuencias serán muy flojas y dejarán de estar visibles a finales de este año. Con la inflación tengo más dudas, ya que la alegría porque se haya acabado la guerra puede impulsar el consumo y mantener cierta presión sobre los precios, más allá de la volatilidad del crudo. Por desgracia, como la inflación a quien más afecta es a la población con menos recursos, estamos ante un problema social. De hecho, la desigualdad no deja de aumentar entre los que tienen capital y los que sólo tienen salarios.
¿Qué otros riesgos económicos tendrá que afrontar nuestro país a corto y medio plazo?
Más allá del “ruido” de la guerra de Irán, el envejecimiento poblacional es, sin duda, un grave problema en muchos países, no sólo en España. Pero como aquí las pensiones públicas son excesivamente generosas -tanto en lo que se recibe respecto a lo cotizado como a lo que se ingresa de jubilación en comparación al último salario como trabajador-, se genera una fuerte tensión en las arcas públicas.
Esto tiene, además, otra derivada: que no deja recursos para otras necesidades también importantes. Creo que el trágico accidente de Adamuz nos mostró que no se está invirtiendo suficiente en mantenimiento de los transportes, algo que quienes viajamos por carretera también hemos notado. Esto es sólo un ejemplo, pero hay muchos más como, por desgracia, la sanidad: la población crece, la recaudación fiscal también, pero el enorme gasto en pensiones deja muy poco espacio para que el resto de servicios públicos mejore.
No quiero dejar de citar, también, el riesgo de una crisis global que proceda de un estallido de la actual burbuja bursátil. Por supuesto, las alzas pueden prolongarse más tiempo, pero algunas cotizaciones son tan irreales que una corrección un poco fuerte de tantas subidas -recordemos que el bitcoin, el activo de moda durante los últimos 15 años, ha caído un 50% los últimos nueve meses- podría provocar, muy rápidamente, una crisis en la economía real.
La necesidad de fuertes inversiones y las dudas de cómo monetizar una nueva tecnología ya las vivimos a comienzos del actual siglo cuando se exageró -sobre todo porque se anticipó en varios años- el impacto de internet y veo muchas coincidencias con la inteligencia artificial. El caso de SpaceX, una cotizada que a día de hoy pierde dinero, superando en unas pocas sesiones la capitalización de un gigante rentable del comercio mundial como Amazon, es quizás el mayor ejemplo de lo que, en su día, el recientemente fallecido Alan Greesnpan llamó “exuberancia irracional”.
¿Qué consecuencias puede tener para España la advertencia de la presidenta de la Comisión Europea sobre la necesidad de encontrar nuevas fuentes de ingresos para abastecer las arcas comunitarias?
Conociendo a nuestros políticos, mayores impuestos. Nunca recortan por el lado de los gastos, y mira que es posible recortar en gasto político, subvenciones, publicidad, medios públicos innecesarios, intervencionismo empresarial… y, por supuesto -todo hay que decirlo- en gasto social. Y es que es difícil de entender por qué las ayudas están en máximos cuando se nos vende que la economía está mejor que nunca...
¿Qué supone para las empresas españolas la fragmentación del comercio internacional tras la guerra de aranceles?
Trump se ha equivocado mucho, pero también los analistas valorando el impacto negativo de sus medidas, y lo cierto es que los aranceles no han tenido una lectura tan negativa como la que yo mismo había supuesto que iba a tener. Las empresas españolas lo están haciendo realmente bien en el mundo, la pena es que tengan tantas dificultades para crecer y sigamos siendo un país de pymes dentro de un mundo globalizado. Estoy seguro de que un cambio normativo para que sea más fácil ganar tamaño empresarial, haría más por nuestras exportaciones que una reducción de aranceles.
Usted defiende en su libro “La Gran Crisis del Siglo XXI” que el sistema capitalista no tiene alternativa, pero es mejorable. ¿Cuáles son los principales puntos de mejora?
Mejorar la educación es, sin duda, el primer pilar sobre el que basar una mejora social y económica, ya que el avance de los populismos -que son la principal amenaza sistémica, también para la economía- se debe precisamente a que los políticos juegan con la ignorancia financiera generalizada. Esto provoca que se tomen demasiadas medidas cortoplacistas, ideales para ganar elecciones pero que no solucionan los defectos de fondo.
Llevamos décadas en las que los problemas no se solucionan, se mitigan con incrementos de deuda pública; y como la población no percibe esa losa sobre su futuro, no exige que se acaben los déficits presupuestarios o las laxas políticas monetarias que impulsan la inflación y disparan el riesgo sistémico de una pérdida de confianza en la moneda. De este modo, la gente ve que los datos macro mejoran en el mundo, pero se siente estafada con el sistema porque su capacidad de compra se reduce, y como no entiende por qué, busca culpables. Unos les echan la culpa a los emigrantes, otros a los empresarios, algunos a ambos...
Pero el principal responsable de nuestras desdichas no es el exitoso sistema capitalista, es el gestor político que tiene como principal objetivo seguir en el poder y/o salir reelegido, en lugar de tomar las medidas necesarias para tener las cuentas públicas saneadas y que la productividad de la economía aumente.
¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?
Es clave. Yo conocí un par de casos en la recesión de 2008 que se salvaron gracias a él. No debemos olvidar que las crisis son cíclicas y nadie ha dado con la tecla para que se acaben, por lo que hay que estar preparados. De hecho, si hacemos cuentas, hay una en España aproximadamente cada quince años y, si consideramos la de 2020 por la pandemia una excepción, el último decrecimiento del PIB fue en 2013, así que lo mismo no falta mucho para el siguiente “susto”.