¿Cómo está influyendo la situación de Irán en la economía española y en el bolsillo de los consumidores
El impacto se está trasladando principalmente a través del encarecimiento de la energía y de los combustibles, con efectos directos sobre la inflación y los costes empresariales. La inflación anual estimada del IPC en marzo de 2026 se sitúa en el 3,4%, según el INE, un punto por encima del dato de febrero (2,3%), en un contexto de presión al alza de los componentes energéticos.
No obstante, por el momento la economía española está mostrando una cierta resiliencia, que se aprecia, entre otros ámbitos, en el consumo vinculado a la movilidad y al turismo. Ahora bien, para los ciudadanos que ya tenían problemas para llegar a fin de mes, el encarecimiento energético erosionará aún más su renta disponible.
En este sentido, ¿considera suficientes las medidas tomadas por el Gobierno para paliar la subida de precio en los suministros energéticos?
Las medidas adoptadas, como la reducción del IVA del 21% al 10% del combustible, la luz y el gas, tienen un efecto mitigador, pero difícilmente pueden compensar completamente un shock de precios de origen externo. Además, desde el punto de vista fiscal, conviene tener en cuenta que la rebaja de tipos no siempre se traduce en una menor recaudación efectiva. Si la base imponible sigue creciendo como consecuencia del aumento de precios, se puede dar la paradoja de que la recaudación por IVA se mantenga o incluso aumente, aun con tipos reducidos. Si se diera este escenario, tendría sentido reforzar los incentivos dirigidos a los sectores más intensivos en consumo energético, como el agrario, el transporte o la pesca, donde el impacto de los costes es más directo sobre la viabilidad de la actividad.
Por otro lado, existe el riesgo de que parte de estas rebajas no se trasladen íntegramente al precio final, lo que podría traducirse en una ampliación de márgenes en determinados casos.
¿Qué otras actuaciones serán necesarias si se alarga el conflicto?
Si el conflicto se prolonga, será necesario reforzar las medidas estructurales más que las coyunturales. En particular, incentivar la eficiencia energética en empresas y hogares; acelerar la transición hacia fuentes de energía renovables menos dependientes del exterior; extender la vida útil de las centrales nucleares, como medida que podría contribuir a estabilizar los precios de la electricidad, reforzar la seguridad de suministro y facilitar la transición energética; y diseñar mecanismos más selectivos de apoyo a los colectivos y sectores más expuestos.
Asimismo, podría plantearse una mayor tributación sobre beneficios extraordinarios en sectores energéticos en contextos de crisis, aunque este tipo de medidas debe diseñarse con cautela para no distorsionar la inversión ni generar inseguridad jurídica.
En este contexto, ¿volverán a ser el consumo y la inversión los principales motores de la economía española en 2026?
En principio, el consumo y la inversión seguirán siendo los principales motores del crecimiento, aunque condicionados por la evolución de los precios energéticos y de los tipos de interés. El turismo continuará desempeñando un papel relevante, especialmente el turismo internacional. España puede beneficiarse de su posicionamiento como destino seguro y de calidad en un entorno geopolítico incierto, lo que podría desviar flujos turísticos desde otras regiones más inestables. Por otra parte, la inversión vinculada a la transición energética y a la electrificación de la economía seguirá ganando peso, impulsada tanto por subvenciones como por la necesidad de reducir la dependencia energética.
¿Cree que mejorará el comportamiento del sector exterior con respecto a 2025?
El sector exterior ha mostrado una mejora estructural en los últimos años, con empresas más competitivas y diversificadas. No obstante, su evolución en 2026 estará condicionada por varios factores: la evolución de los costes energéticos; la posible imposición de barreras comerciales o arancelarias; y la situación de la demanda en los principales mercados de destino. En este contexto, muchas empresas se verán obligadas a intensificar su diversificación geográfica para mitigar riesgos y preservar su competitividad.
En paralelo, el actual contexto geopolítico internacional también está impulsando la demanda en determinados sectores estratégicos, como la industria de defensa. España cuenta con una industria sólida en este sector, lo que podría traducirse en un aumento de las exportaciones. No obstante, se trata de un sector fuertemente regulado y condicionado por decisiones políticas, por lo que su evolución dependerá tanto de factores económicos como del marco institucional y de seguridad internacional. En este sentido, España ha prohibido el comercio de armas con Israel, por lo que, aunque exista demanda desde determinados países, puede que no sea posible materializar determinadas operaciones.
¿Qué factores son claves en la gestión de las empresas para mejorar el negocio
En el entorno actual, la gestión empresarial debe centrarse en varios ejes críticos. Por un lado, la eficiencia energética, con la reducción de costes mediante autoconsumo o mejora de procesos. Por otro, la optimización de costes operativos, con una revisión continua de márgenes y estructura de gastos. Y, en tercer lugar, la digitalización, con la incorporación de tecnologías, incluida la inteligencia artificial, para mejorar la productividad y la toma de decisiones. Las decisiones en materia de inversión, como la adopción de energías renovables o la electrificación de flotas, deben analizarse desde una perspectiva de retorno económico y reducción de riesgos a medio plazo.
¿Qué capacidad tienen las compañías españolas para seguir creciendo e internacionalizando su actividad?
Las empresas españolas han mejorado significativamente su posicionamiento en mercados internacionales, apoyándose en factores como la calidad, la innovación y la capacidad de adaptación. Sectores como el agroalimentario, la automoción, la ingeniería o los servicios están mostrando una elevada capacidad de internacionalización. No obstante, el crecimiento futuro dependerá de su capacidad para adaptarse a entornos regulatorios cambiantes; gestionar riesgos geopolíticos; y mantener la competitividad en costes en un contexto de presión de los precios energéticos.
¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?
En un contexto de elevada incertidumbre y posible deterioro del entorno económico, el seguro de crédito adquiere un papel especialmente relevante. El aumento del riesgo de impago y las tensiones en la cadena de pagos pueden generar efectos de contagio entre empresas. En este escenario, el seguro de crédito permite protegerse frente a insolvencias de clientes; mejorar la gestión del riesgo comercial; y facilitar el acceso a financiación. Se trata, por tanto, de una herramienta clave para preservar la estabilidad financiera de las empresas en fases de mayor volatilidad.