José Antonio Latre Ballarín

Consejero y senior advisor

“A veces en España necesitamos un empujón para lanzarnos a los mercados internacionales”

"La causa principal de que el PIB per cápita no crezca más es el bajo crecimiento de la productividad"

Por Javier Labiano

¿Por qué el arranque del 2026 ha sido el peor en muchos años para las exportaciones agroalimentarias españolas?

Las exportaciones agroalimentarias españolas son una historia de éxito, ya que vienen creciendo de manera sostenida en los últimos veintitantos años. Por dar solo un dato global, en 2025 ascendieron a 77.227 millones de euros frente a 17.404 en el 2000; es decir, que en 25 años se han multiplicado por 4,4 veces, o lo que es lo mismo, han crecido a una TAC (tasa anual compuesta) del 6,1%. Sin embargo, en los dos primeros meses de 2026 cayeron un 3,4% respecto al año anterior. Puede parecer un dato poco importante, pero es que desde el 2000 las exportaciones agroalimentarias solo habían descendido en tres años: el 2005 y 2018 un -0,9% y el 2009 un -10,2%. Y hay que recordar que 2009 es el primer año de la crisis financiera que arrancó a finales de 2008. El resto de los años habían crecido.

Los datos de 2026 muestran también que la caída es generalizada en la mayoría de las categorías de productos; solo se libran las hortalizas frescas que crecen un 8,1%, el resto, incluidas las carnes, el vino, el aceite de oliva caen y lo hacen con fuerza. El hecho de que la caída sea generalizada indica que el problema no está tanto en la situación específica de un mercado concreto, sino que se debe probablemente a la debilidad de la demanda en nuestros principales mercados clientes, que es fundamentalmente la Unión Europea, a la que se dirigen el 67% de nuestras exportaciones.

 

¿Cómo han evolucionado el sector de consumo y retail en el primer trimestre del año?

Lo primero que hay que decir es que tanto la economía española en su conjunto como el consumo privado de los hogares se están comportando muy positivamente después de la pandemia. En el año 2020, el PIB se redujo un 10,5%, la mayor caída histórica desde que se tienen registros, pero la covid-19 fue una crisis económica en “V”, ya que a mediados de 2022 recuperamos todo el PIB perdido. A partir de ahí, y durante los años 2023, 2024 y 2025, hemos disfrutado de crecimientos del PIB que rondan el 3% y muy por encima de los países de nuestro entorno. En este contexto, el consumo privado de los hogares se había comportado ligeramente peor que el PIB hasta 2024, pero en 2025, y en el primer trimestre de 2026, ha crecido por encima.

Las razones de este crecimiento diferencial de la economía española son claros. En primer lugar, el crecimiento de la población en torno a los 450.000 residentes al año; en segundo término el turismo, que alcanza los 97,2 millones de visitantes en los doce últimos meses; en tercer lugar el empleo, que crece en más de 500.000 ocupados anuales; y, por último, la renta disponible que en 2025 creció un 5,3%, financiando tanto el crecimiento del gasto en consumo como la inversión en vivienda y permitiendo todavía sostener tasas de ahorro de los hogares del 12% sobre su Renta Bruta Disponible.

En el primer trimestre del año, estas cuatro fuerzas todavía no dan síntomas de cambio, a pesar de que en el mes de marzo se desató el conflicto de Irán; no obstante, las previsiones de todos los analistas apuntan a un empeoramiento de la coyuntura económica que dependerá obviamente de la duración y el alcance del conflicto. En lo que todos coinciden es en que el indicador que sufrirá más deterioro a corto plazo es la inflación, cuyas previsiones han pasado del entorno del 2% al 3% o 4% en el escenario más adverso; el consumo y el PIB es probable que se ralenticen en un proceso que comenzará con la pérdida de poder adquisitivo derivado de la inflación y que afectará también negativamente a la inversión y a las exportaciones. 

 

¿Qué objetivos de reducción del déficit comercial considera viables?

España tiene un déficit comercial estructural en lo que se refiere a su balanza de bienes o mercancías que el año pasado alcanzó los 57.100 millones de euros; en este contexto hay que recordar que el agroalimentario es con mucha diferencia el sector económico con mayor saldo comercial positivo, 18.000 millones de euros el año pasado. No obstante, si incluimos los servicios, la balanza comercial española es superavitaria gracias al turismo y cada vez más a los servicios no turísticos.

En lo que se refiere estrictamente a la balanza de bienes, yo no soy nada optimista en 2026 y es muy posible que el déficit comercial no solo no se reduzca, sino que se incremente; la razón son los productos energéticos, petróleo, gas, etc., cuya demanda es muy inelástica y que inevitablemente se encarecerán debido al conflicto de Oriente Medio. 

 

¿En los últimos años la economía española ha competido más en volumen de PIB que en valor y productividad?

Así es. Como indicaba anteriormente, una de las causas del crecimiento del PIB es el aumento de la población. Si miramos el PIB acumulado desde el último trimestre de 2019 hasta hoy, ha crecido un 11,3%, mientras que la población lo ha hecho en un 5%, por lo que el PIB per cápita ha aumentado un 6%, sustancialmente por debajo del crecimiento total; es decir, el crecimiento de la economía española es un crecimiento “extensivo” más que “intensivo”. Y el parámetro que está más correlacionado con el bienestar de las familias es el PIB per cápita; esto es lo que explica el aparente desacoplamiento, que no es tal, entre la economía en su conjunto y la sensación que perciben los hogares en su economía doméstica.

Y la causa principal de que el PIB per cápita no crezca más es el bajo crecimiento de la productividad. Mientras que en Estados Unidos la productividad real por hora trabajada ha crecido a una tasa del 1,5% anual promedio desde 1995, en la Unión Europea lo ha hecho a una tasa del 1% y en España del 0,6%; esto explica que nuestra productividad haya pasado de estar un 9,5% por encima de la UE27 en 1995 a un 8,7% por debajo en 2023.

Es cierto que en los últimos 3 o 4 años el crecimiento de la productividad está mejorando, pero desde una base muy baja. Las causas de la baja productividad española están bien diagnosticadas: el elevado peso de los sectores de servicios de baja productividad, la escasa inversión en I+D+i, el pequeño tamaño empresarial, etc. A esto se unen fenómenos más recientes como el espectacular incremento del absentismo laboral después de la pandemia, especialmente el derivado de la ILT (incapacidad laboral transitoria) que se ha duplicado en los últimos cinco años.

En definitiva, tenemos bastante claro el diagnóstico, pero no ponemos en marcha las soluciones necesarias, y en este sentido, pienso que hemos perdido una ocasión de oro con la implantación deficiente de los fondos NextGenEU.
 

¿Qué necesitan las empresas familiares para internacionalizarse?

Yo no hablaría tanto de las empresas familiares en genérico porque tenemos unas cuantas multinacionales familiares. El problema está en la pyme que, generalmente, es de tipo familiar. Las empresas de menor tamaño carecen de la estructura y los recursos de las grandes para internacionalizarse, pero también aquí existen muy buenas excepciones. Lo primero de todo es creérselo y ponerse a ello. Lo que ocurre es que a veces en España necesitamos un empujón para lanzarnos a los mercados internacionales. Yo viví este proceso en la crisis de 2008: entre los años 2009-2014 crecieron muchos las exportaciones totales y el número de empresas exportadoras, simplemente porque la debilidad del mercado doméstico empujaba a ello.

Pero es necesario que estas cosas no ocurran simplemente porque tenemos una crisis de demanda interna, sino que hay que ver el mercado internacional como parte del mercado objetivo, especialmente en la Unión Europea, donde teóricamente existen menos barreras a la internacionalización.

Probablemente, el mayor recurso escaso para la internacionalización es el talento directivo y también, por supuesto, las capacidades financieras. En este sentido, yo he vivido en mis años de consultor especializado en el asesoramiento estratégico en transacciones como los fondos de private equity han sido mecanismos de impulso a la internacionalización de muchas empresas medianas que disponían de un buen producto, pero les faltaba esos equipos directivos o esa capacidad financiera para abordar los mercados internacionales.
 

¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito

Pues un papel fundamental. Antes comentábamos de las dificultades de la internacionalización, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, pues a eso añádele el problema de riesgo de crédito. 

Los clientes internacionales suelen ser más grandes que los clientes domésticos, simplemente porque muchas veces se trata de importadores o distribuidores de tamaño grande que concentran las ventas de un determinado mercado; es decir, la base de clientes internacionales suele estar más concentrada que la nacional, lo que añade más riesgo.

Y si a eso le añadimos un menor conocimiento de ese cliente, pues la necesidad de asegurar el riesgo de crédito es fundamental para la internacionalización.