¿En qué consisten los proyectos cripto-blockchain y qué objetivos persiguen?
Los proyectos cripto-blockchain, en esencia, no se diferencian de cualquier otro negocio o iniciativa tecnológica. Como el resto de empresas, buscan resolver problemas y ser útiles a la sociedad. La diferencia es que utilizan infraestructuras basadas en blockchain, una tecnología que permite registrar información de forma transparente, verificable y sin necesidad de intermediarios.
Estas compañías surgieron a raíz de la aparición de Bitcoin en 2008, que abrió la puerta a una nueva forma de entender el dinero y las finanzas digitales. A partir de ahí, aparecieron miles de iniciativas relacionadas con finanzas, pagos, ahorro, inversión, tokenización de activos o envío de dinero internacional.
Pero blockchain va mucho más allá de las criptomonedas. Existen proyectos centrados en la trazabilidad agroalimentaria, en la certificación de documentos, en la identidad digital, en la protección de datos o en el desarrollo de infraestructuras descentralizadas para internet. También existen aplicaciones relacionadas con inteligencia artificial, propiedad intelectual y gestión automatizada de contratos.
El objetivo de muchas de estas tecnologías es reducir costes y eliminar intermediarios innecesarios. Lo que puede transformar sectores enteros de la economía. Igual que internet revolucionó la comunicación, blockchain ya está transformando la manera en que se intercambia valor en internet.
¿Qué efectos positivos y negativos tendrá la inteligencia artificial en la industria española?
Desde mi punto de vista, creo que a veces se está vendiendo la IA de una manera excesivamente optimista, casi como si fuese una revolución donde todo el mundo va a ganar. Y no necesariamente creo que vaya a ser así. Al menos, por ahora. Es cierto que la IA permitirá a muchas empresas automatizar procesos, reducir costes y aumentar productividad. Sectores como la banca, los seguros, la logística, el turismo o los servicios administrativos podrán funcionar con menos estructura y de manera más eficiente. Pero si una empresa puede producir más con menos personas, muchas personas dejarán de ser necesarias y serán despedidas.
En la actualidad, buena parte del trabajo intelectual y administrativo ya puede ser automatizado, algo que afecta especialmente a las clases medias urbanas que trabajan frente a un ordenador. Es decir, está afectando directamente a profesiones que hasta hace muy poco parecían seguras.
Además, la mayor parte de las plataformas de IA pertenecen a gigantes estadounidenses o chinos. Europa apenas tiene infraestructura propia. Eso significa que muchas empresas europeas dependerán de sistemas desarrollados fuera de nuestras fronteras, igual que ya ocurrió con las redes sociales, los buscadores o la computación en la nube.
¿Qué otras amenazas vislumbra?
También me preocupa el impacto sobre el tejido empresarial y sobre los medios de comunicación. Muchas pequeñas empresas, periódicos o negocios digitales están viendo cómo las plataformas de IA utilizan sus contenidos y servicios sin que exista todavía un modelo claro de compensación económica.
Las plataformas de IA, como OpenAI, negocian con los grandes grupos de comunicación o empresariales, pagándoles un canon por utilizar sus contenidos, pero no están haciendo lo mismo con los pequeños negocios, lo que está provocando la desaparición de muchas de estas pequeñas compañías. Es cierto que la IA genera eficiencia, pero también puede destruir modelos de negocio enteros antes de que aparezcan alternativas sostenibles. Y esto ya está pasando.
Y luego está el factor social. Si la productividad aumenta, pero el empleo disminuye, la pregunta es quién va a consumir los productos y servicios de esas empresas. Porque una economía no funciona solo con tecnología; funciona también con ciudadanos que tienen ingresos y capacidad de consumo.
Sin duda, la IA hará a las compañías más eficientes, pero eso no significa que vaya a construir una sociedad más igualitaria. De hecho, podría aumentar todavía más las desigualdades económicas y la dependencia tecnológica de Europa respecto a otras potencias.
¿En qué medida la tecnologización puede ayudar a las empresas españolas a conquistar nuevos mercados internacionales?
La tecnología elimina muchas barreras geográficas y hoy una empresa española puede vender servicios digitales o productos tecnológicos a cualquier parte del mundo prácticamente desde el primer día. La inteligencia artificial permite traducir contenidos, automatizar la atención al cliente, analizar mercados y reducir costes operativos. Además, tecnologías como blockchain y las stablecoins están facilitando los pagos internacionales, reduciendo costes y acelerando operaciones que antes podían tardar días.
Blockchain también aporta trazabilidad y transparencia, algo especialmente valioso para productos españoles con denominación de origen como el aceite, el vino, los derivados lácteos o la carne. Gracias a estas tecnologías, las empresas pueden certificar el origen, la calidad y todo el recorrido del producto, generando más confianza en mercados internacionales y diferenciándose frente a otros competidores.
España tiene talento tecnológico y buenas empresas innovadoras, pero necesita invertir más en infraestructura digital, investigación y formación. El reto no es solo adoptar tecnología extranjera, sino desarrollar también tecnología propia y modelos de negocio competitivos a escala global. La digitalización ya no es una opción, sino una cuestión de supervivencia empresarial. Las compañías que no se adapten tendrán muchas dificultades para competir en un mercado cada vez más automatizado, global y conectado digitalmente.
¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?
Creo que, en el contexto que hemos ido analizando a lo largo de la entrevista, las empresas necesitarán cada vez más herramientas que les permitan operar con mayor seguridad, especialmente en mercados internacionales o en sectores con elevada volatilidad. El seguro de crédito puede desempeñar un papel importante al proteger a las compañías frente a impagos y aportar estabilidad financiera en un entorno donde el riesgo empresarial cambia cada vez más rápido.
Pero esta necesidad de protección ya no afecta únicamente a la economía tradicional. También empieza a ganar peso dentro del ecosistema de las finanzas descentralizadas, conocidas como DeFi.
El ecosistema cripto ya mueve miles de millones de dólares en préstamos, stablecoins y productos financieros automatizados. Y, a medida que crece, también aumenta la necesidad de desarrollar sistemas de cobertura frente a hackeos, errores tecnológicos, impagos o colapsos de protocolos. De hecho, ya están surgiendo proyectos especializados en seguros descentralizados basados en blockchain.