¿Qué importancia tienen las materias primas en el desarrollo económico internacional?
El término materias primas es muy amplio y engloba todos los recursos naturales que sirven de base física para la actividad económica. Suelen distinguirse varios tipos principales: energéticas, como petróleo, gas y carbón; metales, como cobre, litio, oro y plata; y agrícolas.
Son a la vez input y output del desarrollo económico. Como input, constituyen un factor productivo esencial presente en casi todas las industrias. Los combustibles fósiles siguen siendo la principal fuente de energía que sostiene la actividad económica; el cobre es clave en las redes eléctricas y en el desarrollo de infraestructuras (de las que ahora destacan los centros de datos para IA) ; y el uranio permite la generación de electricidad limpia y firme a través de la energía nuclear. Como output, su extracción, procesamiento y exportación impulsan el crecimiento, el empleo y los ingresos fiscales en países productores.
Hoy, su relevancia es aún mayor. Megatendencias como la transición energética y la electrificación, y la inteligencia artificial y la digitalización están incrementando la demanda de energía y de determinados minerales. Algunos analistas apuntan que metales críticos como el cobre serán para las próximas décadas lo que fue el petróleo en el siglo XX.
¿Cómo están influyendo los aranceles y el desarrollo de los conflictos internacionales en el encarecimiento de estas materias primas?
El impacto varía según la materia prima de la que hablemos, y conviene recordar que estas tensiones globales no son nuevas de la nueva legislatura de Trump y sus aranceles, sino que se intensifican desde la guerra en Ucrania. Pero en términos generales, la combinación de proteccionismo y tensiones geopolíticas ha encarecido los costes de producción y transporte, generando incertidumbre y mayores fricciones en las cadenas globales de valor.
El mundo se ha vuelto más fragmentado y multipolar, y el llamado “nacionalismo de los recursos”, es decir, la tendencia de los gobiernos a controlar más directamente la explotación, exportación o propiedad de sus recursos naturales, ha ganado mucha fuerza en las economías desarrolladas. Destaca Estados Unidos, por ejemplo, donde el gobierno bajo la administración Trump ha comenzado a invertir directamente en el capital de empresas mineras y a adoptar un papel mucho más activo e intervencionista, con el objetivo de acelerar la producción doméstica de materias primas estratégicas y reducir la dependencia exterior de países como China. Para muchos, es cuestión de seguridad nacional.
En un mercado ya tensionado por el lado de la oferta por años de escasa inversión en exploración y desarrollo, en parte por los precios bajos anteriores y regulaciones más restrictivas, cualquier fricción como las señaladas se traduce en una presión adicional al alza sobre los precios.
Mención aparte merecen los metales preciosos, oro y plata, que están registrando subidas de precio espectaculares recientemente, como hemos analizado en Truth Below Ground recientemente. Estos tienen características muy particulares por su condición de “metales monetarios”, especialmente el oro, dado el papel de los bancos centrales y su rol como activo en las carteras de inversión sirviendo de “refugio” ante la incertidumbre.
¿Cuáles son los sectores económicos e industriales más afectados por el encarecimiento de las materias primas?
Los más expuestos son los sectores europeos intensivos en energía y materiales: acero, cemento, construcción, automoción, química y bienes de equipo. En Europa, los elevados precios de la electricidad y del gas en los últimos años han lastrado la competitividad y retrasado inversiones industriales. Un caso paradigmático es el de Alemania, tras una política energética que, en mi opinión, ha sido poco acertada por el cierre de las nucleares.
Pero no hablaría únicamente de encarecimiento, sino, en ciertos casos, incluso de amenaza de falta de suministro de algunos metales o productos derivados. Este fenómeno es especialmente visible en el caso de las tierras raras, como se ha vuelto aparente en el último año, dada la dependencia estructural que el mundo occidental mantiene respecto a las capacidades de refino y procesamiento de China.
Por ejemplo, hace unos meses la industria automotriz europea advirtió que las restricciones chinas a las exportaciones de tierras raras, como consecuencia de las tensiones comerciales, podrían poner en riesgo el suministro de componentes esenciales como imanes y motores eléctricos, según Reuters.
¿Cómo están evolucionando las inversiones en materias primas y en el sector de la minería?
Estamos asistiendo a un renacimiento del interés inversor en el sector minero, después de años de falta de capital. Esto lo podemos ver en el ETF SPDR S&P Metals & Mining que ofrece exposición diversificada a diferentes segmentos del sector: registra una subida del 122% a 12 meses (frente al +16% del S&P 500), donde destacan las mineras de oro y plata (datos a 26 de enero).
Parece que el mercado, además de las dinámicas de los metales preciosos, ha empezado a ver que para alimentar la transición energética y la revolución tecnológica (en particular de la IA) es necesario incrementar significativamente la oferta de materias primas como las ya mencionadas. Y esa expansión requiere grandes cantidades de capital.
El petróleo ha sido una excepción, reafirmando la idea de que las materias primas no deben meterse todas en el mismo saco y cada una tiene sus propias dinámicas. Este hecho, a su vez, es un viento de cola para la minería, donde el coste energético es una parte no desdeñable de sus costes totales.
¿Qué efectos se derivarán de la continuidad de la guerra de Rusia y Ucrania?
Los mercados financieros están en un proceso constante de evaluación de información y formación de expectativas. En general, los precios reaccionan ante las sorpresas, no ante los hechos conocidos. Cuando un evento irrumpe de forma inesperada, como ocurrió con la invasión de Ucrania en 2022, provoca un fuerte impacto inicial. Sin embargo, el mercado asimila con rapidez la novedad. Cuando un conflicto se prolonga en el tiempo, su capacidad de generar movimientos relevantes se diluye: los inversores lo interiorizan y centran su atención en otros factores. Esto ocurre con muchos tipos de shocks, y es independiente de que, a nivel “real”, el conflicto siga teniendo consecuencias materiales.
En definitiva, mientras no se produzca un giro inesperado de gran magnitud, la continuidad del conflicto no debería provocar alteraciones significativas en los mercados financieros globales, más allá de episodios puntuales de volatilidad.
¿Qué otros factores influirán en la evolución de los mercados financieros en 2026?
Los factores que más impacto tienen son los que no se prevén o a los que se asigna una muy baja probabilidad. Dicho esto, creo que, por un lado, los datos macroeconómicos de Estados Unidos, crecimiento e inflación, van a marcar la pauta a la Reserva Federal respecto a si bajar tipos y en qué magnitud. Por el momento, el escenario base parece de continuidad del crecimiento y una inflación relativamente estable, un escenario positivo para los mercados. Por otro lado, las tensiones comerciales y de tipo geopolítico (Venezuela, Groenlandia, etc), aunque veo difícil que vayan a generar un shock como el de abril del año anterior, son otro de los temas a vigilar. Desde una perspectiva más micro, todo lo relacionado con el desarrollo de la IA y los resultados empresariales de las compañías asociadas a ella, serán otro foco de atención en torno a la pregunta: ¿qué retornos va a generar esta inversión tan ingente?.
¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?
La incertidumbre es una constante en el mundo financiero y económico, pero da la impresión de que hoy estamos viendo cambios más profundos y rápidos que en otras épocas. Así que el seguro de crédito me parece una herramienta importante para protegerse frente a la inestabilidad y riesgos en el horizonte. Y, enlazando con lo anterior, si el oro está transmitiendo un mensaje de alerta a nivel macroeconómico y monetario, esa señal refuerza aún más la importancia de contar con este tipo de mecanismos de protección.