Albert Guivernau

Analista económico. Director de la Fundación Civismo

“El conflicto en Irán está generando un impacto global inmediato en la energía y el comercio”

“El PIB real de España podría reducirse entre 0,2 y 0,4 puntos por el conflicto, principalmente por el encarecimiento energético”.

Por Javier Labiano

¿En qué contexto económico se moverá España en 2026?


En 2025, el PIB español creció un 0,8% intertrimestral, un 2,6% interanual y un 2,8% en el conjunto del año. Sin embargo, este crecimiento se apoya en gran medida en un gasto público que crece al 2% interanual, mientras que otros indicadores estructurales muestran señales de debilidad: la inversión es incierta, la productividad apenas crece y sectores como el turismo o los fondos europeos sostienen de forma temporal la economía. Además, España mantiene desequilibrios estructurales como un nivel elevado de deuda pública, que ha pasado de 23.000 a 34.000 euros por habitante y se ha incrementado un 60% en valor absoluto en 10 años. 

Por ello, el crecimiento actual podría tener un carácter coyuntural si no se acompañan reformas que fortalezcan la base productiva del país. Aunque el PIB crezca, el PIB per cápita y la productividad no crecen, enquistando la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años con inflación elevada. Se dice que la economía española va bien. Tengo muchas dudas. De lo que no tengo dudas es de que la economía “de los españoles” no va bien.

 

¿Qué consecuencias tendrá el conflicto de Irán en la economía y el comercio mundial? 

El conflicto en Irán está generando un impacto global inmediato, especialmente en la energía y el comercio. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20% del petróleo y gas mundial, se ha convertido en un punto crítico: los operadores están desviando rutas, lo que provoca retrasos, bloqueos y mayores costes logísticos. Los precios del crudo y del gas han subido significativamente, y si el conflicto se prolonga, el barril podría alcanzar los 150 dólares y el gas 120 euros por megavatio hora en Europa, lo que presionaría la inflación y los costes de producción, afectando a sectores como el petroquímico, plásticos y aluminio.

A nivel macroeconómico, la incertidumbre frena la inversión, eleva la inflación y podría obligar a los bancos centrales a subir los tipos de interés, afectando al crecimiento y el empleo. Además, se están alterando los flujos comerciales y las cadenas de suministro de minerales críticos y tecnologías de transición energética, generando riesgos financieros globales y volatilidad en los mercados.

 

¿Cómo podría afectar, concretamente, a la evolución económica española? 

En España, los efectos se notan sobre todo en los precios de la energía: la gasolina ha subido 15 céntimos por litro y el gasoil 28 céntimos. Esto podría traducirse en un incremento de la inflación de entre 0,2 y 0,4 puntos en 2026 si la guerra persiste. En cuanto al crecimiento, se estima que el PIB real podría reducirse entre 0,2 y 0,4 puntos, lo que equivaldría a restar entre 3.300 y 6.600 millones de euros, principalmente por el encarecimiento energético que impacta tanto a hogares como a empresas. 

La clave estará en la duración del conflicto: cuanto más se prolongue, mayor será el efecto sobre inflación, cadenas de suministro y costes de transporte. Por eso, España debe mantener políticas que refuercen productividad, innovación y resiliencia, para absorber estos shocks externos sin comprometer el crecimiento estructural. 

 

¿Qué repercusiones se esperan en relación al suministro energético?

Para España, el riesgo principal no es el desabastecimiento, sino el encarecimiento de los recursos. La exposición directa al Estrecho de Ormuz representa apenas el 5% de las importaciones de petróleo y el 2% de las de gas, pero la integración en los mercados globales ha provocado subidas inmediatas en los precios. Esto refuerza la necesidad estratégica de reducir la dependencia de combustibles fósiles externos, invirtiendo en fuentes autóctonas como la energía nuclear, que garanticen autonomía y estabilidad en el suministro, precios bajos y eviten la inestabilidad en el sistema que provocó el apagón del pasado 28 de abril.

 

¿Cómo afectará la guerra a las inversiones y al negocio internacional de las empresas españolas?

El conflicto afecta a la operatividad y la confianza empresarial. La incertidumbre frena planes de inversión; los desvíos de rutas y bloqueos de mercancías aumentan retrasos y costes logísticos; y el incremento de costes de materiales y transporte presiona la liquidez, sobre todo en sectores industriales. Además, existe la preocupación por posibles sanciones o restricciones comerciales derivadas de la situación geopolítica. Todo ello obliga a las empresas a planificar con cautela y a reforzar su resiliencia frente a estas perturbaciones externas.

 

Fundación Civismo promueve una sociedad civil activa, que se involucre en el diseño de las políticas públicas. ¿Ocurre esto en España?

En España, aunque cada vez hay más asociaciones, fundaciones y think tanks que intervienen en el debate público, la participación ciudadana sigue siendo baja comparada con otros países europeos. Además, cuando los ciudadanos se implican, suele ser en iniciativas de carácter social más que de incidencia en políticas públicas. A esto se suman factores culturales, como la tradición de la acción política centralizada en los partidos, y problemas de financiación para entidades no políticas, ya que muchas dependen de subvenciones públicas, lo que limita su autonomía e independencia. La sociedad civil adquiere precisamente esta condición por su capacidad de incidir en la sociedad desde una óptica diferente a la del poder político.

 

¿Cuáles son los principales factores que garantizan el progreso y prosperidad de los pueblos?

El progreso y la prosperidad se fundamentan principalmente en la libertad individual y el Estado de derecho. La persona es el motor de la actividad económica, su iniciativa y responsabilidad generan riqueza y bienestar. Por su parte, el Estado de derecho proporciona estabilidad, seguridad jurídica y protección de derechos fundamentales. Una sociedad dinámica no depende de un Estado omnipresente, sino de ciudadanos comprometidos que participen en asociaciones e instituciones capaces de influir en el debate público y en la formulación de políticas. La combinación de libertad, seguridad jurídica y participación ciudadana a través de la sociedad civil es lo que permite que un país prospere. Ya lo advirtió Alexis de Tocqueville en La democracia en América.

 

¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?

En momentos de incertidumbre económica y geopolítica como el actual, el seguro de crédito se convierte en una herramienta fundamental para las empresas. Permite cubrir el riesgo de impago de clientes, protegiendo la liquidez y la estabilidad financiera de las compañías. Además, aporta confianza para mantener o, incluso, ampliar operaciones comerciales, tanto a nivel nacional como internacional, cuando los mercados se vuelven más volátiles. En un contexto donde los costes energéticos suben, las cadenas de suministro se tensionan y las inversiones se ralentizan, contar con un seguro de crédito ayuda a las empresas a gestionar el riesgo, planificar con mayor seguridad y tomar decisiones estratégicas sin comprometer su solvencia.