Sebastián Puig Soler

Marino, analista, escritor y conferenciante

“Las empresas deberán adaptarse a las nuevas condiciones de los mercados o buscar otros”

"El seguro de crédito resulta clave en un entorno de crisis e incertidumbre"

Por Javier Labiano

¿Cómo cambiará la configuración geoeconómica internacional tras la pandemia?

Con toda la prudencia que impone la incertidumbre, pienso que se van a acelerar y acentuar las tendencias que ya se estaban apuntando antes de la pandemia: el trasvase del poder geoeconómico hacia el área de Asia-Pacífico; la primacía de los intereses geopolíticos y de la competencia hostil por el poder global frente a la cooperación, y el enfoque bilateral frente al multilateral. Todo ello augura tensiones, conflictos y menores crecimientos. Se refuerzan los nacionalismos y los populismos, exacerbados por la desigual respuesta a la crisis. La recuperación se verá también afectada por estos fenómenos.

Usted decía recientemente que Europa se juega su supervivencia y relevancia en el tablero global. ¿En qué situación podría quedar este continente?

Dependerá de si supera el reto económico y existencial al que está siendo sometida tanto por el Brexit como por el impacto del coronavirus. Tras una reacción inicial descoordinada y titubeante, la Unión Europea está reaccionando y debe avanzar en varios frentes: integración, solidaridad, inclusividad, transparencia y capacidad de respuesta. Y eso depende, no de Bruselas, sino de la voluntad política de los Estados Miembros que la conforman. La UE siempre ha dado pasos hacia adelante en los momentos más críticos de su historia, y pienso que esta vez no será diferente. Debemos ser consciente de que la alternativa supone, desgraciadamente, la irrelevancia global.

¿Considera que el actual parón económico es un paréntesis o cree que derivará en una crisis a largo plazo?

El dilema fundamental ahora es conseguir sincronizar la curva sanitaria con la económica, algo que muchos países no han conseguido. Las reacciones tardías, así como la carencia de medios de prevención, detección y trazabilidad, han forzado a contener el contagio mediante confinamientos masivos y rigurosos, lo que ha supuesto una paralización descoordinada y asimétrica de la actividad económica, de una dimensión nunca vista en las últimas décadas. Nos encontramos con una disrupción a gran escala de los flujos económicos locales y globales, un shock completo de oferta y demanda con efectos de 360º. Su recuperación y sincronización será prácticamente imposible hasta que no tengamos los medios para contener el virus, esto es, una vacuna universalmente disponible. Ofrecer una predicción de los efectos de este parón que se extienda más allá de unas pocas semanas me parece poco honesto por mi parte, aunque todo indica que los efectos pueden perdurar mucho más de lo deseable. Digamos entre uno o dos años, siendo prudentes. No veo una curva en V.

¿Qué impacto tendrá el Covid-19 en el sector productivo español?

El impacto inmediato ya lo estamos comprobando, tanto en las recientes cifras publicadas por el INE, como en el escenario macroeconómico oficial que el Gobierno acaba de enviar a Bruselas. De nuevo, las incertidumbres son máximas, y se mantendrán así durante los próximos meses. El virus, por el momento, manda sobre la economía. La recuperación no está únicamente en nuestras manos, como economía abierta y globalizada que somos. Sólo con el turismo, la industria del automóvil y el comercio estamos hablando de más del 35% del PIB español, y ahora mismo siguen prácticamente paralizados. Nuestro dinámico sector exportador, que tantas alegrías nos ha estado dando estos últimos años, depende de la reactivación económica exterior. No olvidemos tampoco que los países que mejor hayan sabido gestionar la crisis del Covid-19 estarán mejor posicionados para competir y recuperar cuota de mercado a costa de los más rezagados. La propia lógica sanitaria impone, además, nuevos usos y prácticas que cambian las reglas del juego de consumidores y productores. No sabría cuantificar el impacto, pero sin duda va a ser muy significativo. De nuevo, el marco europeo puede suponer una plataforma ideal para propiciar una mayor cooperación e integración a nivel empresarial, y no me refiero sólo a las grandes empresas.

¿Cree que la situación que estamos viviendo con el coronavirus reforzará el papel y los recursos del sector público en el futuro?

En la situación actual hablar del futuro, así en indeterminado, resulta muy complicado. El Covid-19 ha abierto un escenario en el que la única certeza es la de la incertidumbre, y ello afecta también al sector público. En los próximos años, el sector público, al menos en España, se va a ver sometido a una presión sin precedentes debido a la necesidad de soportar los enormes costes sociales y de recuperación económica derivados de la crisis que sigue a la pandemia. No olvidemos que nuestro margen fiscal era ya limitado a principios de año, que habíamos incumplido en el déficit de 2019, que mantenemos importantes debilidades estructurales sin resolver y una reforma de la administración siempre pendiente. Los recursos públicos, en un contexto de desplome económico y de necesidades crecientes, no van a llegar a todos lados y exigirán un esfuerzo de priorización, esfuerzo y ajuste sin precedentes, mucho mayor del realizado tras la última gran crisis de 2008. Endeudamiento, déficit y caída de los ingresos públicos marcarán el contexto económico a corto y medio plazo, un contexto que nos impone, queramos o no, la necesidad de un sector público más moderno, ágil, eficiente, transparente, facilitador y no limitador de la actividad económica, que vaya de la mano del sector privado y aproveche al máximo todas las herramientas tecnológicas disponibles. Lo estamos viendo estos días. La solución no pasa necesariamente por tener más recursos cuando parece evidente que no vamos a disponer de ellos, sino por utilizar mucho mejor los disponibles, y dedicarlos a lo que realmente necesitamos para el futuro.

¿Qué importancia estratégica tiene conocer y analizar rápidamente los datos disponibles en estos momentos?

Una de las lecciones que estamos aprendiendo de esta crisis es el mal aprovechamiento que se está haciendo de una ingente cantidad de datos críticos para responder, con mayor rapidez, eficacia y eficiencia, a los problemas sanitarios y socioeconómicos. Se nos llenan la boca y los titulares mediáticos con las maravillas sobre la cuarta revolución industrial, la digitalización y la era de la información, pero luego no somos capaces de mantener una base de datos potente, homogénea y abierta (para investigadores, analistas y ciudadanos), con los datos clave de seguimiento y control de una pandemia que está causando miles de muertos. Lo mismo ocurre con las políticas económicas. Vamos con inaceptable retraso en la toma de decisiones basadas en evidencias y en el uso de simulaciones que exploten la ingente cantidad de big data, que tanto el sector público como el privado disponen sobre las constantes vitales del país. Sin bases de datos abiertas y de calidad, sistemas de información que las gestionen y profesionales de todas las disciplinas que las estudien con todos los recursos tecnológicos disponibles, las grandes decisiones estratégicas quedan en manos de la intuición, de las corazonadas, los sondeos demoscópicos, las falsas percepciones o, lo que es peor, de las ocurrencias ideológicas del momento.

Dicen que las crisis también pueden generar nuevas oportunidades. ¿Cómo podrán reinventarse las empresas más afectadas?

Las empresas que hicieron su transición tecnológica hacia el mundo online y modificaron sus procesos de negocio para adaptarse a los nuevos patrones socioeconómicos están mucho mejor posicionadas para este nuevo entorno incierto, cambiante y exigente. A muchas otras les tocará reinventarse o desaparecer. Si conseguimos asegurar el mínimo aliento financiero para mantener vivo el tejido empresarial, verdadero corazón de la economía, tocará revisar aprendizajes, procesos, productos, adaptarse a las nuevas condiciones de los mercados o buscar otros. Los gestores deberán aprender a gestionar, en primer lugar, la incertidumbre. Ello requiere actitud ante lo inesperado, flexibilidad, agilidad, apertura de miras y formación permanente. Deberán también gestionar la frustración, y desarrollar cualidades como la paciencia, la resiliencia, la fortaleza mental, sin perder nunca la visión a largo plazo. Será fundamental la facilidad para establecer conexiones, desarrollar proyectos conjuntos y alianzas empresariales con un enfoque multidisciplinar y nuevas formas de hacer negocios. Decía John Stuart Mill, hablando sobre economía, que ningún problema económico tiene una solución puramente económica. Esto es aplicable también en el mundo de la empresa.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que jugó en la crisis de 2008?

Del seguro de crédito, sólo puedo decir que constituyó un instrumento muy importante de protección para las empresas ante malos deudores y posibles impagos. Algo que resulta clave en un entorno de crisis e incertidumbre como el de entonces y el actual. También para este sector, los retos que impone la actual crisis son mayúsculos.

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