“Si se normaliza la situación sanitaria en verano podríamos recuperar todo lo perdido en 2022”

"Estamos ante una situación en la que el seguro de crédito es fundamental, su función ha sido clave para que muchas empresas hayan podido sortear los problemas".  

Por Javier Labiano

La Comisión Europea cree que España crecerá al 5,6% en 2021. ¿Considera estas previsiones realistas?

De momento sí. Hay que pensar que los datos de este año se van a comparar con los del pasado ejercicio, que estuvo dominado por la fortísima caída del segundo trimestre. Así, en los tres últimos meses de 2020 el PIB se había reducido un 9,1% con respecto al mismo periodo de 2019. En este contexto, con las previsiones de crecimiento del 5,6% para 2021, todavía nos quedarían por recuperar cerca de seis puntos de la caída del 11% que se registró en el conjunto de 2020. Esto coincide con las estimaciones de todos los sectores de actividad que aún no han conseguido recuperarse económicamente y que no lo harán, al menos, hasta la mitad del año cuando las vacunas terminen por ser efectivas.  

¿Cómo evolucionarán el consumo y el gasto público?

Veo el consumo condicionado negativamente a la incertidumbre y, sobre todo, a la evolución de la situación económica de determinados colectivos. Una cosa es soportar una serie de meses en malas condiciones y otra que éstas se prolonguen durante más de un año. Los comportamientos de las familias frente a la incertidumbre de ingresos cambian si el problema deja de ser coyuntural y se convierte en permanente. En este sentido, la evolución del consumo será negativa, a menos que consigamos estabilizar económicamente el país, que se reactive el turismo y que no se reduzcan las ayudas a los colectivos con menos ingresos. Pero todo depende de cuándo podamos volver a una vida normal. En cuanto esto ocurra, se reactivarán ciertas variables macroeconómicas. En todo caso, no creo que el consumo sea este año la variable que más tire de la economía. Sí podrían serlo la inversión y el turismo si la pandemia se soluciona a mitad de año y estas actividades se reactivan. Además, tenemos que ser capaces de asegurar los fondos europeos o suplirlos mientras llegan con financiación propia.

¿Cuándo cree que las economías de la zona del euro alcanzarán sus niveles de producción anteriores a la crisis?

Es complicado saberlo. Pero si los problemas iniciales que hemos detectado en la vacunación, a nivel europeo, se solucionaran en los próximos meses y llegáramos al verano en una situación en la que se pudiera empezar a reactivar la economía, tendríamos por delante un año, o año y medio, para recuperar la actividad productiva. También depende de cómo salgamos de la crisis psicológicamente. Por ejemplo, hay gente que ya dice que viajara menos. Pero si pudiéramos normalizar la situación sanitaria este verano, yo creo que no sería improbable que recuperásemos la práctica totalidad de lo perdido a finales de 2022. 

Asegura que el éxito de los fondos europeos dependerá en gran parte de cómo se gestionen los recursos humanos. ¿A qué se refiere exactamente?
 
Las personas son lo más importante para conseguir una gestión eficiente de los fondos europeos. Se necesita gente muy preparada y buenos equipos para realizar esta tarea, que no es fácil, y para ello se requiere una correcta gestión de los recursos humanos y unos adecuados incentivos de retribución, formación… Además, la gestión se va a llevar a cabo entre distintas administraciones, con equipos muy diversos, por lo que todos deben estar alineados.  

¿Qué papel tiene el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?

Obviamente, estamos ante una situación en la que el seguro de crédito es fundamental. Su papel es reducir el riesgo, lo que en un momento de incertidumbre como el actual es muy importante. Su función ha sido clave para que muchas empresas hayan podido sortear los problemas.  

¿Qué rol jugará la tecnología en la recuperación de la economía española durante 2021?

La tecnología siempre juega un papel importante y, en un mundo donde está decidiendo quien está ‘in’ y ‘out’, no apostar por ella sería comprometer el futuro del país. Tiene que estar ahí, pero también hay que ser razonable, y no apoyar únicamente a los sectores tecnológicos, sino también a otros como, por ejemplo, el hotelero o la industria agroalimentaria. Cuando hablamos de cambio tecnológico tenemos que pensar en términos transversales, no solo en las start ups más avanzadas, sino también en la modernización del tejido productivo para que sea más eficiente. Por ejemplo, en un hotel conectado o en una explotación agraria que utilice el big data para saber exactamente cuándo tiene que regar, fumigar o recoger sus productos. En todo ello, la formación de los trabajadores también es fundamental. 

¿Cómo impactarán las nuevas tecnologías en el mercado laboral a medio y largo plazo?

Como sucede siempre, los cambios tecnológicos van acompañados de una dinámica en la que unos empleos desaparecen y aparecen otros nuevos, y la sociedad termina ajustándose a ello. Lo que hay que procurar es que las personas que se incorporarán al mercado laboral en el futuro se vayan preparando ya para un trabajo diferente. Y, por otra parte, facilitar la transición de aquellos trabajadores que se están viendo actualmente en fuera de juego, lo cual no es fácil.

En esta nueva sociedad, ¿se han convertido las redes sociales en el mejor instrumento para difundir conocimiento económico?

Como todo, tiene pros y contras en función de su uso. Mi experiencia de ocho años en redes sociales es que hay que saber trabajarlas bien, con lo que se convierten en una fuente de información infinita. No he aprendido más en mi vida que en estos últimos ocho años gracias, en mi caso, a un acceso muy democrático a la información académica. Ahora bien, las redes sociales también se pueden convertir en una cacofonía de sesgo ideológico y sectarismo que hay que saber evitar. En la medida de lo posible, la labor que tenemos que hacer algunos es objetivar e intentar informar a la gente para que tenga más herramientas con las que hacer análisis crítico de la realidad.

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