"Espero que 2016 sea un año de transición hacia una nueva fase de crecimiento"

"Cuanto mejor cubren las empresas las posibles eventualidades menos intensas suelen ser las recesiones y antes acaban"

Por Javier Labiano

“Espero que 2016 sea un año de transición hacia una nueva fase de crecimiento”. Manuel Alejandro Hidalgo, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, investigador y columnista ofrece una perspectiva del panorama económico español. Entrevista realizada por Javier Labiano.

Usted se ha especializado en economía internacional. ¿Cómo cree que evolucionará ésta en 2016?

Desde luego con mayores sobresaltos que en 2015. Ciertamente ya han comenzado, aunque no todo parece oscuro. Hay cierta luz. A pesar del debilitamiento del crecimiento chino, éste no parece corresponder con una caída en toda regla. Sí es verdad que el comercio se ha ralentizado desde el verano, y esto no es bueno. Pero los diversos indicadores nos llevan a pensar más en una corrección que en una recesión global.

El cómo asimile cada país esta situación depende de cada uno de ellos. Así, por ejemplo, en Estados Unidos parece que el efecto puede ser mayor que en otras zonas del mundo. Además, su año electoral puede ejercer cierta influencia en su crecimiento, dado el cariz que está mostrando los posibles resultados de las primarias. Esto nos obligará, pues, a estar atentos a ambos lados del globo.

Pero en todo caso, 2016 puede ser un año de transición, y espero que lo sea hacia una nueva fase de crecimiento y no hacia un estancamiento o recesión.

¿Hasta qué punto la debilidad de algunas grandes economías desarrolladas del mundo y de las emergentes influirá en el crecimiento español?

En teoría deben influir, aunque durante este año no parece que excesivamente, dada la fortaleza del consumo de las familias. El año no ha empezado peor en este sentido y aunque las  exportaciones puedan caer, de momento no se observa que su efecto en la demanda interna vaya a ser importante.

No cabe duda de que si se mantiene esta dinámica internacional por un tiempo mayor, al final el efecto sea importante. Por ejemplo, es evidente el efecto que Latinoamérica puede tener en nuestra economía y es imprescindible para nuestro crecimiento una rápida recuperación del crecimiento de este subcontinente. Si esta recuperación no llega rápido es evidente que el menor crecimiento termine por penetrar al resto de los componentes de la demanda española, no sólo en las exportaciones. Pero como he comentado, este posible efecto necesita de momento más tiempo para hacerse evidente.

¿Considera acertadas las políticas fiscales y monetarias que se están desarrollando?

En 2015, con varios años de retraso, el Banco Central Europeo decidió, por fin, llevar a cabo una política monetaria más acorde con las condiciones económicas preponderantes. En Estados Unidos estas políticas se llevaron a cabo ¡en 2009! El retraso ha tenido un coste importante en la tendencia de crecimiento a futuro de la economía europea. Además, entre 2011 y 2013 se cometieron enormes errores, como el esperpento de la subida de tipos de Trichet, y que tuvo que ser corregida al muy poco tiempo, o el excesivo celo de los programas de austeridad.

Tenemos que entender que ambos errores fueron contemporáneos, lo que explica la recesión entre 2011 y 2013, y que en el caso de Estados Unidos no existió. Por lo tanto las actuaciones pasadas de políticas fiscales y monetarias fueron profundamente erróneas.

Ahora estamos en otro momento. La política monetaria es más coherente con la situación del ciclo europeo. Las políticas fiscales andan algo más relajadas, y aunque es evidente la necesidad de ajustes, recordemos por ejemplo que España “disfruta” de un déficit del 5,1 %, éstas deben adecuarse al ciclo y el ajuste plantearse como una necesidad, pero a medio plazo. Debemos entender que la existencia de unos tipos a niveles bajos nos permite cierto margen en dicho ajuste.

¿Cuándo cree que dejarán de convulsionar los mercados financieros?

En este caso soy lego, mi especialidad está lejos de los mercados financieros y suelo hablar por los que otros me cuentan más que por mis propias observaciones y análisis. No obstante, sí puedo decir que hemos entrado en una fase de desarrollo financiero que amenaza con darnos muchos sustos en los años que están por venir. La globalización, la automatización de las operaciones, la interconexión de los mercados, hace muy difícil el control de lo que sucede en estos mercados. Los ya de por sí problemas de eficiencia que muestran al ser mercados donde los cisnes negros abundan, hay que sumar su crecimiento y sofisticación. Esto nos debe llevar a pensar que los sustos de los mercados han venido a quedarse con nosotros y que, a menos que se imponga un control de estrecho de los mismos, seguiremos experimentándolos en el futuro.

Entre sus investigaciones, destacan las realizadas sobre rentas y desigualdad salarial. ¿Es de los que opinan que la crisis ha incrementado exponencialmente las diferencias?

Sí, especialmente en España. Debemos distinguir por un lado tendencias a largo plazo y factores coyunturales. Las desigualdades crecen en todos los países desarrollados por diversos motivos: globalización, tecnología, pérdida de peso de sindicatos. Esto es secular y se identifican incluso desde los años ochenta. Sin embargo la crisis ha venido a intensificar tales tendencias, y que en España quedaban a cubierto por el pasado boom económico. Me refiero a que el desempleo ha sido el cauce por el cual la desigualdad se ha elevado en nuestro país. Sólo ciertas políticas redistribuidas han podido hacer frente de un modo parcial a este aumento.

¿Este aumento de la brecha entre ricos y pobres es un proceso irreversible?

En parte sí, en otra no. Como he dicho, hay factores estructurales que solo pueden compensarse con actuaciones a largo plazo: educación, inversión, productividad. Sin embargo hay otros factores, como la globalización y el acceso de países al desarrollo que afectarán a la desigualdad de los países desarrollados sin que sea fácil evitarlo.

Respecto a los factores coyunturales, sí existe remedio. Pero, de nuevo, gran parte de las “medicinas” son de suministro lento, con políticas estructurales, educativas, y de oferta, cuyos resultados tardaríamos en ver.

¿Qué impacto tendrá la tecnología en la industria y en el crecimiento económico a medio y largo plazo?

El que ya estamos observando. Básicamente está cambiando los modos de hacer las cosas y de establecer las relaciones entre los ciudadanos, empresas y estados. Por ejemplo, el sistema financiero es uno de los que más rápidamente está entendiendo este cambio y se está ajustando. La hostelería y los transportes empiezan a comprender que los nuevos usos de economía “colaborativa” van a exigir de ellos un cambio.

En el ámbito de los trabajadores queda claro que quien no aporte “cualidades” diferenciadas y acordes con los nuevos tiempos quedará rezagado, relegado a puestos de empleos de baja cualificación y escaso valor añadido y, por ello, de bajos salarios.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que está jugando en esta crisis?

Realmente poco. No es mi campo de análisis. Sn embargo, sí sé por ciertos estudios que lo óptimo es que el mercado del seguro sea lo más completo y amplio posible. Está demostrado que cuanto mejor cubren las empresas y las familias las posibles eventualidades o “estados”, las recesiones suelen ser menos intensas y suelen acabar antes.

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