Juan Ramón Rallo

Economista, profesor en la Universidad Francisco Marroquín e IE University y colaborador de El Confidencial y La Razón

“La recuperación está generando un sobrecalentamiento en la economía mundial”

Una forma de blindarse frente a la incertidumbre es descargando los riesgos de impago en una aseguradora.

Por Javier Labiano

¿Cómo ha evolucionado la presión fiscal durante los últimos años y por qué España fue el país en el que más aumentó en 2020?

Durante los últimos años la presión fiscal ha ido incrementándose de manera más o menos lenta pero sostenida, debido a que el alto déficit público que ha tenido España en los gobiernos del PSOE, PP y PSOE-Podemos se ha querido cuadrar en gran medida subiendo los impuestos, en vez de recortar el gasto. Pero en 2020 el PIB cayó mucho más que los ingresos del Estado, por lo que la presión fiscal se disparó muy por encima de cualquier otro país de la OCDE. ¿Por qué el PIB cayó más que la presión fiscal? Hay varios motivos, pero el fundamental es que la parte del PIB que se destruyó en 2020 era la que se concentraba en actividades de menor valor añadido, con remuneraciones de los trabajadores más bajas, por lo que el tipo efectivo en el IRPF de los salarios que se dejaron de cobrar era muy reducido. Otro motivo es que España se encuentra entre los pocos países de la OCDE que aplicaron en 2020 medidas de alivio fiscal, es decir, rebajas fiscales. 

 

¿Qué motivos nos están llevando ahora en España a sufrir la mayor inflación de los últimos 30 años?

En parte porque durante el 2020 no se invirtió como se debería haber hecho en muchos sectores cuya producción ahora está tensionada, pero sobre todo porque los gobiernos y bancos centrales aplicaron de manera concertada en todo el planeta uno de los programas de estímulo del gasto agregado más grandes e importantes de la historia. Y eso se ha traducido en una elevación muy considerable de la demanda, que ha chocado con una oferta que, como decía, no ha sido capaz de aumentar todo lo que debería haberlo hecho en circunstancias normales, si la inversión durante ese año no se hubiera paralizado. También ha habido otros factores, como un cambio en la composición del gasto agregado, se demandan menos servicios y más bienes, y la estructura productiva no estaba adaptada para producir tantos bienes. Por lo tanto, había que pasar factores que se utilizaban para producir servicios a la producción de bienes, y esto requiere tiempo. Pero la influencia de las políticas fiscales ultra expansivas de 2020 y parte de 2021 es incuestionable, y el principal factor político que explica la inflación.

 

Usted afirmaba recientemente que en 2021 experimentaremos el mayor descenso de los salarios reales de las últimas dos décadas. ¿Qué será necesario para recuperar el poder adquisitivo?

Es algo que, sin duda, se va a producir. Los salarios nominales, al menos los de convenio, se están revalorizando a una tasa media del 1,5%, Mientras que la inflación en noviembre estaba en el 5,5%. De tal manera que, por ahora, el promedio de pérdida se sitúa en alrededor del 4% del poder adquisitivo, más del triple que la pérdida récord de 2012, que fue del 1,4%. Esto sucede porque tenemos una economía sanamente des-indexada de la inflación y ésta nos está golpeando. El riesgo ahora es que volvamos a indexar la economía a la inflación y que entremos en espirales de precios-salarios. 

 

¿Qué hará falta para recuperar esa pérdida de poder adquisitivo? 

La inflación es un impuesto que nos cobra el gobierno a todos los ciudadanos y se trata de una perdida más o menos permanente. Podemos intentar trasladar parte de esa pérdida a los empresarios, pero entonces nos arriesgamos a que eliminen empleo por la reducción del margen empresarial. El caso es que alguien tiene que sufrir esa pérdida, porque se ha producido un empobrecimiento de la economía, y la forma de compensarla solo pasa en realidad por ganancias de productividad futuras que permitan volver a incrementar los salarios reales.

 

¿Qué escenarios económicos contempla para 2022?

La situación estará marcada por el curso que siga la inflación. Hay muchos economistas que consideran que tiene un componente transitorio y que va a desaparecer en la primera mitad del año. Esto no es del todo descartable, pero estamos viendo en economías como la de Estados Unidos que todos los bienes, no solo aquellos con un componente vinculado con los famosos cuellos de botella, están sufriendo elevaciones de precios. Por lo tanto, también hay que considerar la hipótesis de que los precios no se moderen significativamente. No es que vayamos a seguir con tasas tan elevadas como las actuales, pero sí podemos instalarnos claramente por encima del 2% hasta bien entrado el 2022. Y si eso es así, los bancos centrales tendrán que reaccionar más agresivamente, lo que supondrá subidas de tipos de interés, ralentización del crecimiento económico y, probablemente en un momento no muy lejano, austeridad presupuestaria para reequilibrar las cuentas. Y todo eso podría frustrar en parte el rebote y la recuperación que estábamos experimentando. Pero es que este rebote y recuperación está generando un sobrecalentamiento en la economía mundial, tal como se materializa en la inflación.

 

¿Qué implicará el frenazo en el crecimiento de China para las economías europeas?

El frenazo de China todavía está por confirmarse, aunque parece que tiene bastante base. Por un lado, supondrá un problema para las economías europeas, especialmente para una tan vinculada a ella como la alemana, y eso puede complicar la recuperación. Si China no crece el mundo crecerá menos, y recordemos que en la última década este país ha supuesto aproximadamente un cuarto del crecimiento económico mundial. Pero, por otra parte, si China se frena seriamente las tensiones inflacionistas globales no serán tan acusadas por lo que, de alguna manera, este frenazo sería una fuerza desinflacionista, que podría alejar las perspectivas de subida de tipos de interés. 

 

¿Qué puede suponer para el contexto económico global el cambio de gobierno en Alemania?

Probablemente veamos un impulso todavía mayor al que ya había en Europa hacia las subidas del gasto público y los impuestos; quizás también una mayor tolerancia con la emisión de deuda, algo a lo que ya se han abierto incluso los liberales alemanes dentro de la coalición para financiar inversiones públicas de largo plazo. Por tanto, podemos observar una deriva similar en parte a la que ya habíamos visto en el último mandato de Merkel, pero más acentuada. Ahora bien, hay que tener en cuenta que todo esto estará supeditado a que la situación de la inflación en Europa quede controlada. Si se dispara y el Banco Central Europeo tiene que aumentar los tipos de interés de manera significativa, por mucho que Alemania sea tolerante con el aumento del gasto y el endeudamiento, en el resto de Europa no habrá capacidad para llevarlo a cabo, salvo con fuertes subidas de impuestos, y eso ya dependerá bastante de la aritmética parlamentaria de cada país. Por lo tanto, puede darse una mayor laxitud presupuestaria, pero dentro de un clima que se está convirtiendo en el menos proclive para ella en los últimos diez años.

 

¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?

Vivimos en un mundo incierto, donde las cosas pueden cambiar mucho de la noche a la mañana. Y una forma de blindarse frente a esa incertidumbre es descargando los riesgos de impago en una aseguradora, que sea capaz de socializar parte de ellos y, por esa vía, diversificarlos y reducírselos al acreedor, que sin un seguro de este tipo, en cierto modo, se encontraría expuesto a soportar toda la incertidumbre propia del mercado y sin poder recurrir a algún tipo de cobertura.
 

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