Ana Tudela Flores

Periodista y socia fundadora de Datadista

“El principal riesgo para la economía española es la inflación”

“Hay que contemplar efectos de segunda vuelta, como el posible contagio del default a la deuda privada rusa, que tendrá grandes problemas de refinanciación”

Por Javier Labiano

Afirma que la guerra en Ucrania y el temor a que se extienda está provocando numerosos movimientos económicos en los países europeos. ¿Cuáles son los más importantes?

Entre los más llamativos está sin duda el cambio en la política de inversión en Defensa, empezando por Alemania, siguiendo por el propio impulso a una verdadera política de defensa común de la Unión Europea y su consecuente inversión. Pero, además, estamos viendo otros movimientos que tienen que ver con la procedencia de fuentes energéticas como el gas, con claro refuerzo de la opción del GNL procedente de Estados Unidos, a lo que añadiría la posible derivada de que sea España el país que se encargue, en una parte importante, de su regasificación si se invierte en la conexión por los Pirineos. Se habla de posibles compras conjuntas de gas por la Unión Europea, que podría adquirirse con eurobonos, lo que amplía la importancia de la deuda comunitaria, impensable en la crisis anterior. Y cada vez son mayores las presiones para que Alemania corte su dependencia del gas, petróleo y carbón rusos. Todos estos son movimientos centrípetos hacia la integración de bloques, pero, por otro lado, también hay fuerzas centrífugas que podrán darse si Europa no es capaz de armar rápido soluciones que minoren los efectos en las economías de sus países miembros y cada uno empieza a tomar medidas por su cuenta.

 

El Consejo de la Unión Europea ha decidido imponer un cuarto paquete de sanciones. ¿Qué efectos tendrán estas nuevas medidas? 

Creo que el efecto de las medidas se tiene que ver en global, por acumulación. Y hay que plantearse cuál es el objetivo de las medidas, de todos los paquetes de sanciones, y cuál es el efecto boomerang que están teniendo, sin saber aún si China va a convertirse en el soporte de Rusia que incline la balanza, si la capacidad de resistencia de la ciudadanía rusa en un entorno de inflación disparada es mayor que la de los ciudadanos europeos. Y todo ello mientras se sigue financiando la guerra por la dependencia del suministro energético ruso. El objetivo era parar la guerra. ¿Está funcionando? De momento no. Sí parece que Rusia se resiste, con el pago efectuado recientemente, a caer en el default de su deuda emitida en moneda extranjera, que podría verse forzado por la congelación de las reservas internacionales rusas al no poder abonar en dólares los pagos que vienen, sobre todo en abril. De ocurrir esto, de nuevo tendrá un efecto en sus acreedores occidentales, por limitado que éste sea, dado el bajo nivel de deuda soberana externa de Rusia. Pero hay efectos de segunda vuelta, que van más allá de que Rusia suspenda pagos de su deuda soberana: el posible contagio del default a la deuda privada rusa, que tendrá grandes problemas de refinanciación, sobre todo de grandes corporaciones o la exposición aún no contemplada de fondos e instituciones financieras. La subida de los cereales, del níquel y, por supuesto, del gas y el petróleo están provocando una nueva crisis en Europa, con ola inflacionista y un efecto de empobrecimiento en las clases medias y bajas. 

 

¿Cuáles son los nuevos riesgos para la economía española que se pueden derivar del conflicto?

El principal riesgo es la inflación. Y está agarrada a todos los mimbres de la economía que pueden producir, si no lo están haciendo ya, una escalada inflacionista difícil de cortar. La famosa dificultad de devolver la pasta de dientes al tubo, con lo fácil que es sacarla. Afecta a la electricidad, al transporte, a los insumos de la agricultura por los piensos. La cesta de la compra se dispara y los salarios no dan. El malestar social va a ser difícil de gestionar y va a agravar la polarización. Eso lleva a situaciones de gobernabilidad complejas, que complican a su vez la toma de decisiones en todos los ámbitos, pero especialmente en el económico.  Pero, además, esa inflación fuerza decisiones en los bancos centrales, que hasta ahora se habían visto retrasadas por considerar que era una inflación temporal. La Fed ya ha subido tipos y tiene la recámara llena de disparos en el mismo sentido. Las subidas de tipos como instrumento contra la inflación están diseñadas para enfriar economías recalentadas, para bajar revoluciones al circuito del dinero. Cuando la subida de precios viene por el lado de la energía volvemos a oír hablar del fantasma de la estanflación. 

 

¿Cómo afecta la situación mundial a la internacionalización de empresas españolas?

La influencia directa por el efecto de aislamiento internacional de Rusia es limitada, aunque afecte a algunos sectores. Las sanciones a Rusia comenzaron en 2014, cuando Putin invadió Crimea. Un factor importante vendrá del lado de la energía y de las materias primas. La dependencia energética española hace que el país y la competitividad de sus empresas sea extremadamente vulnerable a una escalada de precios energéticos como la que estamos viendo. Si, además, el entorno inflacionista acelera la subida de tipos y tensiona el acceso a la financiación, al tiempo que ralentiza el consumo, el efecto puede ser mucho mayor de lo que podamos intuir ahora.

 

Es especialista en periodismo de datos y de investigación. ¿En qué medida adolece la información que consumimos diariamente del suficiente contraste de cifras? 

En algunas ocasiones y en determinados medios generalistas, bastante. Aunque en general el periodismo de precisión va cogiendo tracción en nuestros días y quien busca informarse sabe dónde buscar. 

 

¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?

El primer efecto será cubrir los eventos de impago que puedan darse derivados de la nueva tensión económica. El segundo, que vendrá afectado por la magnitud del primero, tendrá que ver con la evolución de las primas en entornos de incertidumbre económica internacional.

 

En su opinión, ¿cuáles han sido los mayores problemas económicos de nuestro país en los últimos años? 

El mayor problema, probablemente, es el encadenamiento de crisis sucesivas y que cada una de ellas ha golpeado en uno de los talones de Aquiles de nuestra economía y acrecentado la desigualdad. La crisis crediticia internacional fue letal para una economía que se había entregado en lo laboral, lo fiscal y en la dependencia de la financiación exterior al ladrillo. La crisis derivada de la pandemia ha sido un durísimo golpe para un país que tiene un pilar tan importante en el sector servicios y el turismo. Ahora, una crisis que golpea nuestra dependencia energética.

 

España ha sufrido en la última década un proceso de envejecimiento progresivo. ¿Cómo ha impactado este fenómeno en los cambios de la población activa?  

El problema es que no es solo el envejecimiento. Hemos expulsado a generaciones del país, que buscan fuera la oportunidad que no encuentran aquí, después de haber acometido la inversión de formarlos. En una década hemos perdido tres millones de personas activas menores de 40 años y las correlaciones de las franjas de edad muestran que no es solo el envejecimiento. Y mientras, pagamos ya en pensiones alrededor de 11.000 millones de euros al mes y el doble en los meses de las pagas extra. 

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